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La responsabilidad es de todos

SAPIENZA

La violencia en México y el mundo, no surgió de la noche a la mañana. Fue un proceso lento que se podría achacar a muchas razones. Se podrá alegar que el gobierno no ha hecho nada, o ha hecho muy poco. Se podrá decir que todo se debe a los gobiernos en los que impera la corrupción. Si no hubiera corrupción, el crimen organizado no infiltraría las organizaciones encargadas de combatir la ilegalidad. El ser humano tiende a culpar a otros y raras veces acepta la culpabilidad que le corresponde. El caso de la violencia y la descomposición social no es la excepción. Culpamos a otros y en este caso, como en muchos otros, el culpable, según nuestra perspectiva, es el gobierno. Pero analizado concienzudamente la situación, el deterioro social se reduciría a una sola causa: el descuido de los niños y jóvenes por parte de sus padres. Todos quienes tienen hijos son responsables en mayor o menor medida de su comportamiento en sociedad. No es fácil aceptarlo, pero es la verdad. El comportamiento delictivo, de complicidad o de omisión de cualquier servidor público o de cualquier delincuente, apunta a unos padres que estaban muy ocupados trabajando para hacer frente a las necesidades y muchas veces a las necedades de los hijos. Otros se fueron con los amigos a pasar un buen rato mientras los hijos comenzaban a desviarse del camino. Los hay, que abandonaron a sus hijos por temor a hacer frente a la paternidad y dejaron a sus hijos para que los educaran la televisión y la sociedad. También hay madres que estaban muy ocupadas viendo las telenovelas como para preocuparse porque sus hijos llegaban tarde a casa. No se preocuparon por saber quiénes eran sus amigos ni en qué pasos andaban. Prefirieron comprarles un buen par de tenis antes que dedicarles tiempo. Una muchacha sin la presencia y el apoyo de un padre, es más fácil que caiga en la promiscuidad y la prostitución. Un muchacho sin un padre que lo guíe, es más fácil que caiga en el homosexualismo y la delincuencia. Cualquier delincuente, ya sea el ratero común o el defraudador de cuello blanco, es producto de la carencia de una buena educación moral que debió impartirse en casa desde la más temprana edad. Este es el trasfondo del deterioro social que vivimos. Y eso es algo para lo que muy difícilmente se encontraran argumentos que lo desmientan. Todos somos culpables.