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La retórica nebulosa en educación superior

POLITEIA

Quienes nos hemos formado en instituciones de educación superior de carácter público, tenemos una tendencia natural a valorar en exceso las bondades y virtudes de un sistema educativo que nos ha permitido el acceso a un bien básico para la formación profesional y mecanismo de movilidad social. Tal es la observación de algunos de mis lectores que advierten cierta idealización en mis planteamientos y la consecuente necesidad de un juicio más crítico sobre su desempeño y rendimiento.

Digo que no dejan de tener razón. Estas instituciones en distinta medida han asumido de manera acrítica el lenguaje, las políticas y las prácticas impuestas desde el poder, y han preferido renunciar al ejercicio de cierto margen autonómico para mantenerse en una zona de confort y evitar querellas con quienes diseñan e instrumentan las políticas en la materia. Ello en sí mismo no es criticable, pues en condiciones de penuria y crisis, lo que se impone es un ejercicio pragmático en la conducción de estos centros de estudio.

Ayer mismo revisaba sobre este tema algunas notas que me interesa compartir con esa parte de la comunidad académica de nuestras universidades públicas, que está convencida de que las tareas fundamentales de la universidades contribuyen a agregar valor a lo público, y con muchos otros sinaloenses que han sido beneficiarios en estos años de la expansión del sistema de educación superior, interesados en defender y preservar un espacio vital para asegurar la cohesión de nuestro cuerpo social.

Veamos lo que dice Adrián Acosta Silva: "En el campo de la educación superior mexicana se observa desde hace tiempo el predominio de una retórica nebulosa, cansina, que descansa sobre el empleo sistemático de ciertas palabras y conceptos: calidad, integralidad, competitividad, sociedad del conocimiento, cobertura, equidad, evaluación."

Y añade: "El resultado global entre 1989 y 2012 fue un cambio silencioso pero altamente significativo y práctico, en términos de la redefinición de la autonomía universitaria, de la disminución o modificación de los grados de libertad de académicos e instituciones de educación superior, de la expansión no regulada, o débilmente regulada, de la oferta privada, el triunfo de la ideología, y de las ilusiones de la calidad, la innovación y el emprendurismo, en un contexto donde las prácticas y rutinas educativas cambiaron con diversa intensidad, ritmo y orientaciones." (Campusmilenio, 16/I/14).

Y sobre este mismo tema, Jorge Medina Viedas dice lo siguiente: "En algunas universidades (excesivas facultades a las autoridades) se oculta o se disfraza en el discurso de la calidad académica, y en una suerte de asepsia a todo lo que tenga que ver con la política, con la idea matriz de la eficiencia, la rentabilidad y la productividad. Se asume que la universidad debe administrarse como una empresa que debe obtener beneficios y tratándose de una institución pública, que por lo menos sea rentable." (Idem).

Estos son los problemas reales de la educación superior y de nuestras universidades. Ahí está la clave del debate: la universidad que tenemos y la universidad que queremos para el desarrollo del país y del estado.

Renward García Medrano. Me llama Ariel González, jefe de la sección de cultura del diario Milenio. Me dice que ha muerto Renward García, extraordinario periodista mexicano con quien tuve el honor de colaborar en una revista histórica de la vida política nacional, la revista Tiempo.

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