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La ruta del terror

ITINERARIO POLÍTICO

No sólo se ha incrementado el flujo migratorio centroamericano, sino que se ha producido un cambio radical en los países de origen.

La migración centroamericana tiene su origen en la marginación, pobreza, falta de oportunidades, debilidad institucional, inseguridad y violencia que se vive en las naciones de origen. Sin embargo, y a pesar de esa terca realidad, no pocas ONG's acusan al gobierno de México por una crisis humanitaria que, en rigor, viene del sur y se gestó en los países expulsores.

Sin embargo, también es cierto que si bien la Ley Migratoria mexicana, tiene como eje rector el respeto a los derechos humanos y la atención a grupos vulnerables —como menores y personas de la tercera edad—, resulta imposible atender a una población migrante anual —de 2012 a la fecha—, de casi 90 mil personas sólo entre salvadoreños, guatemaltecos y hondureños, con un minúsculo Instituto Nacional de Migración que cuenta con seis mil empleados, con salarios que van de 7 mil a 12 mil pesos al mes y que además es una institución "sin dientes", ya que carece de facultades para investigar y detener.

Pero lo más curioso, sin embargo, es que de enero de 2013 a la fecha, no sólo se ha incrementado el flujo migratorio centroamericano, sino que se ha producido un cambio radical en los países de origen. Hoy no predomina el migrante de Guatemala y El Salvador, sino los originarios de Honduras. Peor aún, ya no son hombres y jóvenes los que más migran, sino mujeres, niños y ancianos. En 2011 se detectaron casi 10 mil salvadoreños, 32 mil guatemaltecos y 20 mil hondureños. En 2012, los hondureños pasaron a 29 mil, los guatemaltecos a 40 mil y los salvadoreños a 12 mil. En 2013, los hondureños fueron 34 mil, los guatemaltecos 32 mil y los salvadoreños 15 mil. Esa tendencia se mantiene en lo que va de 2014.

Por esas razones también han cambiado las rutas tradicionales, siempre en busca de mejores condiciones del desplazamiento. Hoy la ruta más transitada es "El Ceibo" que lleva a los hondureños de su país a Tenosique, Tabasco, en 10 horas de autobús. Pero además se han abierto nuevos puntos de entrada, como Valladolid, Yucatán; Escárcega, Campeche; Playas de Catazajá, en el municipio de Emiliano Zapata, Chiapas; La Chontalpa, Francisco Rueba, Las Choapas, Cosoleacaque y otros cruces permanentes de ciudadanos hondureños.

El desplazamiento de los grupos migratorios —y de las bandas criminales que los asechan—, se organiza desde el país de origen. Los migrantes enganchan guías locales que vienen "en estafeta" entregando migrantes en puntos previamente establecidos, para cobrar y revisar su desplazamiento hacia el norte, siempre seguidos por "estafetas del crimen" que, a lo largo de toda la ruta, "ordeñan" los ingresos de los migrantes. Pasan una primera etapa de San Pedro Sula a Tenosique transitando por Guatemala. De Tenosique van a Coatzacoalcos o Acayucan. De ahí se mueven a Puebla donde se reorganizan para internarse al Bajío, por diferentes rutas que, al final orientan su destino a Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua o Sonora. La frontera más demandada, y la más peligrosa, es la de Tamaulipas y Texas.

Si bien el migrante lleva recursos limitados para el desplazamiento —que lo obliga a utilizar cualquier tipo de transporte—, sus familiares en Estados Unidos son quienes finalmente pagan buena parte del traslado —que fluctúa entre los cinco mil y los 10 mil dólares por persona—, mediante envíos que deben incluir el pago de extorsiones de bandas criminales. En la mayoría de los casos los grupos criminales monitorean la llegada de los migrantes a las capitales estatales, para "tomar por la fuerza" su parte, cuando el migrante recibe un envío de dinero.

Desde diciembre de 2013 se incrementó el desplazamiento de menores, debido al discurso confuso de autoridades estadounidenses que decidieron entregar a los menores abandonados, a familias o parientes ya radicados en Estados Unidos, para seguir su trámite de nacionalización. Esa posibilidad de alcanzar la nacionalidad para los menores de edad es peligrosa alternativa para una mejor vida para muchas familias, a pesar de los peligros de "La Ruta de la Muerte", en donde se exponen a las peores atrocidades, como esclavitud sexual, secuestro, violaciones y, los casos extremos, a la pérdida de la vida.

Lo curioso es que, a pesar del escaso presupuesto, las autoridades migratorias mexicanas cuentan con un protocolo más avanzado en defensa los menores migrantes —en la estaciones migratorias que se quiera—, que la temida "Migra" estadounidense. En México los menores son atendidos en su salud física y emocional y regresados a su país de origen cuando es posible hacerlo. En Estados Unidos son delincuentes y sobreviven en condiciones deplorables.

www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx