Opinión

La seducción de las palabras

POLITEIA
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Por: César Velázquez

Concluía mi colaboración pasada externando el deseo de que todos, medios y lectores, hiciéramos un esfuerzo por mejorar la calidad de nuestra conversación pública. Los comentarios de mis interlocutores y amigos en verdad que me han emocionado, y confirmado que hay en nuestra vida pública una poderosa reserva moral e intelectual para pensar y discutir los problemas en un ambiente de libertad y tolerancia.

Una de las claves para ello está en hablar, escribir con claridad, lejos del lenguaje críptico, de los mensajes cifrados, o de cierta retórica güera, chorera, pues, cuyo propósito es enredar y confundir. Como bien apuntó Juan Domingo Argüelles en Campusmilenio hace unos días: "Tal y como lo creía Antonio Machado, lo complicado no es escribir de manera confusa (esto todo el mundo lo hace); lo realmente complicado es escribir de forma limpia y diáfana(clara, transparente) (para que todo el mundo comprenda."

Es muy probable que no sea el más autorizado para suscribir estas palabras. Pero en verdad lo creo. La forma en que los interlocutores pueden entenderse, es a partir de la regla llamada "máxima de relevancia" que, según explica Alex Grijelmo, fue planteada por el filósofo inglés Paul Herbert Grice, y que dice lo siguiente:

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"Todo lo que cuentan (los interlocutores) ha de ser relevante (adecuado, pertinente) para la idea que desean transmitir. Lo superfluo queda eliminado antes de pronunciarse, y así se añade significado a la individualidad de cada término. Si una palabra está presente, será por algo: tendrá un sentido propio, igual que las demás."

Empecé hablando de los políticos y pleonasmos, pero las reflexiones de mis interlocutores me han llevado por otros meandros. Es la seducción de la palabra, título de un libro de Grijelmo, que he pedido prestado para esta colaboración, y que condensa precisamente ese talante abierto que ha de permitirnos entendernos cada vez mejor en una lógica de recíproco reconocimiento.

Grijelmo, autor de Defensa apasionada del idioma español, entre muchos otros títulos, alude a ese ruido pernicioso que impide entendernos. Y no excluye de esa responsabilidad a los medios, a los que critica con dureza: "Nunca hasta ahora los fenómenos de deterioro de la lengua habían contado con el inmenso acelerador de partículas que forman los descomunales medios de comunicación y la ya gigantesca red informática".

Esta lectura me hizo recordar el discurso pronunciado por Gabriel García Márquez en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, en el que habló, precisamente, sobre el poder de la palabra. Y ahí voy, a seguir navegando. Esto es lo que dijo:

"Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual.

"Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio."

Es cierto. Es la seducción de las palabras. Empecé hablando de los que maltratan al idioma, para llegar a esta oda a nuestro idioma. Valió la pena el recorrido. ¿Estamos de acuerdo?

cvr052@gmail.com