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La selección: "marca país" y "marca partido"

Con la misma velocidad con que se apoderó la Selección Nacional de futbol de la agenda pública: de los espacios principales de los medios y de las conversaciones de los públicos, tanto a escala local como global, con esa misma fugacidad desapareció el tema de los primeros planos mediáticos, al tiempo que su tratamiento se va volviendo residual en las conversaciones de la gente.

Una parte de la secuela de esta mezcla indisoluble de futbol y comunicación puede ubicarse, en efecto, en los procesos comunicativos de corto plazo, con efectos acotados en el tiempo. Pero hay efectos de recordación de largo plazo, que se hospedan en la memoria, sobre todo de los más jóvenes, en forma de imágenes, figuras y episodios emblemáticos que trascienden el sistema de creencias periféricas, esas que escapan a los temas centrales de la economía o la política, pero que de todas maneras se constituyen en filtros con los que solemos descifrar los mensajes de la realidad.

Y allí se van quedando en el imaginario social simplificaciones y estereotipos como el de "estamos malditos" que soltó un locutor de tele al anidarse en la red el tiro de penal que nos eliminó. O el regreso del fatalismo en la frase "siempre lo mismo", como una condena al fracaso a perpetuidad.

PODER DE RECORDACIÓN

Ya la reconocida especialista española en comunicación pública, María José Canel, doblemente dolida, primero por la temprana eliminación de su Selección Nacional, y luego por la eliminación del equipo mexicano, me reconvenía educadamente al aire, en Foro TV, por ubicar en el sistema de creencias periféricas la decodificación que hacen en un Mundial los nacionales de cada país ante la suerte de su selección.

Ese análisis puede valer para el apego al equipo de la preferencia en las ligas domésticas, o para las creencias (ciertamente periféricas) sobre las bondades de una marca de auto sobre otras. Pero la intensidad de la atención que atraen los partidos de una Selección Nacional y el poder de recordación que tienen algunos de sus episodios: la mano de Maradona de hace casi tres décadas o las muy recordables defensas que hizo este año Memo Ochoa de su portería, tendrían otro alcance.

Ello, para no hablar de los valores simbólicos, intangibles y tangibles, que conlleva una Selección Nacional, y que, de acuerdo con la profesora Canel, terminan asociándose a ese relativamente nuevo concepto de "marca país", como una pieza central para la construcción de la reputación de una comunidad nacional. Del cuidado de esa marca, de su reputación, dependen hoy en día las condiciones que les allegan a los países, con el aprecio y la simpatía globales, actitudes favorables para el intercambio comercial, educativo y cultural, así como la atracción de inversiones y turismo.

DEL PAÍS AL PARTIDO

Antes del concepto de "marca país", los regímenes políticos portadores de las grandes utopías (fracasadas) del siglo XX, la Alemania Nazi y más tarde los países socialistas, basaron buena parte del prestigio de sus partidos y gobiernos en el rendimiento de sus deportistas en olimpiadas y otros certámenes. Una suerte de "marca partido" o "marca sistema político" llevó a asociar las bondades de sus sistemas y partidos a la buena forma y el buen desempeño de atletas entrenados con ese propósito. Incluso, en un momento de inspiración, el anterior presidente mexicano aludió a la "marca partido" o a la "marca gobierno" de su sexenio al jactarse de los éxitos de los equipos juveniles de la Selección en su tiempo y al descalificar los apuros recientes de la Selección mayor para clasificar al actual campeonato.

Ello contrasta con el mensaje del actual presidente a los miembros de la Selección tras ser eliminados el domingo: "El país no dejará de creer en ustedes". El eje de este mensaje del presidente Peña es el país y su creencia asociada a una marca de confiabilidad en la preparación y el ánimo de competencia y de triunfo, al margen del marcador y los episodios arbitrales.

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