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La soledad de la derrota

POLIARQUÍA

Llegó a su casa solo. Su familia había ido a cenar y él prometió alcanzarlos una vez que concluyera la reunión con quienes habían trabajado en su campaña. Pero no. No tenía ya fuerzas para fingir que la derrota no podía doblarlo. Prefirió desviarse a su casa para estar consigo mismo.

Había perdido las elecciones internas de su partido. Por esta ocasión no sería el dirigente nacional. Otra vez la derrota lo había sacudido como aquella vez en que no pudo ser candidato a la presidencia.

Cuando se pierde, las horas se estiran hasta el hastío. Se vuelve la vista al reloj y pareciera que el tiempo caminara más lento que de costumbre.

No quiso ver lo que decía la prensa del acontecimiento. Mañana tampoco leería los periódicos. Se preparó una bebida y le dio el primer sorbo. Sería el único. No tenía ánimos para beber. Recordó que el mismo recomendaba que un trago se toma sí se está feliz. O por alguna ilusión inmediata. Ninguna de las dos cosas para él en este momento. Se sentó en el comedor de la cocina esperando que la soledad fuera menor.

Recordó los días en el extranjero como estudiante de posgrado. Su etapa como profesor. Sus asesorías legislativas. También los primeros cargos relevantes al lado de quien forjó su carrera política y llegara a ser presidente de este país. Las reuniones de aquel grupo de notables a quienes además de sus talentos los siguió la suerte por varios años. Esa suerte que por segunda vez lo abandonaba.

¿Por qué no ganó él si había ocupado dos de las secretarías de Estado más importantes? ¿Por qué nadie valoró su preparación académica o su franca oposición al régimen? ¿Qué es lo que finamente toma en cuenta la militancia de un partido para elegir a su dirigente? En el fondo él sabía las respuestas. O más bien sabiéndolas no quería contestarlas ahora.

Recordó la conferencia de prensa en su casa de campaña apenas unos momentos antes y en la que estuvo encerrado más de diez horas. Recordó su actuar correcto ante los resultados adversos. Su promesa de no impugnar el proceso. De mantener la unidad del partido. Lo que se dice en estos casos. Lo que manda el libro de la corrección política.

Finalmente la política es una actividad con ciertos recelos a la lógica. Hoy comenzó a entenderlo. Reconoció que las circunstancias juegan a veces con benevolencia, a veces con crueldad. Con frialdad ilógica.

Pensó en detener su carrera o en dejarla. Así se piensa y se siente en las primeras horas de la derrota. En unos cuantos minutos de soledad vivió largos años de lo que había sido su vida. ¿Cuándo antes se había sentado a reflexionarlo como ahora?

Se sentía agotado. En todos los sentidos. No sintió la ira esperada hacia el adversario. No le maldijo. Sus rencores por ahora estaban dormidos. Su respiración ya era normal. Respiró profundamente en varias ocasiones. No quiso contestar el teléfono a nadie. Fue un acto automático.

Finalmente vio algunos mensajes en su celular. Se detuvo en uno por largo tiempo: "Con lo que viviste este día, comienza tu verdadera carrera política. Hoy vamos a saber de lo que estás hecho. Y yo sé que estás hecho para ser un gran político. Esos se miden en la derrota y tu nos lo demostrarás".

[email protected] twitter: @guadalupe2003