Opinión

La tormenta perfecta

GUASAVE
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Por: Moisés García

No terminan por salir del escándalo que originó su borreguil mansedumbre a las órdenes del ejecutivo aprobando a ultranza la iniciativa de las tareas periodísticas y en lugar de amainar, arrecia la tormenta perfecta que crearon.

Comparten culpas con Jesús Enrique Hernández Chávez, el propio gobernador Mario López Valdez y el "desprocurador" de Justicia, Marco Antonio Higuera, por el necio proyecto de silenciar las únicas tribunas con las que aún cuenta la sociedad para contener la naturaleza dictatorial que todo hombre público lleva dentro.

Por supuesto que López Valdez e Higuera Gómez bien que merecen el alud de críticas y cuestionamientos, pues fueron los autores del mamotreto que revela abiertamente sus actitudes intolerantes frente a la información que se desprende de los incontrolables hechos delictivos.

Sin embargo, sin que suene a justificación, pero la verdad es que el gobierno del estado sólo busca por su condición política, forjar una imagen de acrisolada eficiencia a costa del silencio de los demás, como si ocultar los hechos y el derramadero de cruces mortales fuera suficiente para fingir lo que no es.

Podría decirse que regularmente quienes detentan la autoridad únicamente atienden lo que su fuero interno les manda para sobrevivir incólumes a las ineptitudes e ineficiencias.

Los gobiernos traen en la sangre su talante represor, a veces a punta de garrote y cárcel y si es necesario a balazos, las voces sociales, asumiendo que eso impedirá sean juzgados por sus mandantes por lo que es y no lo que quisiera aparentar.

Entonces dejando de lado el gene caciquil que todo gobernante posee, habrá que decir que si los inductores de la iniciativa "fast-track" guardan gran irresponsabilidad política y social en el asunto, pero en la que incurren los diputados, no tiene nombre.

Finalmente, repetimos, lo que pretenderían los actuales gobernantes sólo corresponde a lo que siempre ansía cualquier gente de poder, que como es el caso que nos ocupa: creer en una actitud de mitómana, que todo lo que hacen está bien hecho y que nadie tiene el derecho a enjuiciarlos.

Aquí a quien habría que cargar la mayor parte de la aberración de limitar el ejercicio periodístico es en principio al presidente del Congreso, Hernández Chávez, a los diputados de la comisión dictaminadora y a los legisladores que en el pleno la aprobaron sin mayores trámites, no obstante presumirse que es un poder ajeno a los demás.

Es cierto, las anteriores legislaturas que han pasado por la "más alta" tribuna del Estado no fueron un paradigma de independencia ni soberanía de cara al gobernador en turno y de alguna u otra manera actuaban en muchos casos, por consigna a los mandatarios del Poder Ejecutivo.

Siendo entonces como lo eran, a la vieja usanza, subordinados del gobierno, siempre, los de antes con algo de "vergüencita" cuidaban las formas; exigían un trato de cabildeo con respeto y algunos grados de equilibrio para no "enseñar las faldillas" y si bien terminaban por acceder, no salían tan raspados.

Esta vez los diputados en verdad se pasaron de tueste, de impúdicos y ambiciosos, creyendo quizá que nadie habría de darse por enterado del alcance de la "ley mordaza", creyendo que, para decirlo con sus propias palabras, también todos los sinaloenses son unos asnos como ellos, que si no rebuznan es porque no saben la tonada.

Bien hizo entonces el genial caricaturista Avecé de los Debates en sintetizarlos como unos entes mutantes, que mucho tienen de borregos, burros y ratas.