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La tragedia de la eterna primavera

"Hay gente con gran talento político, del PRD y del llamado Grupo Cuautla, interesada en exagerar el asunto de los secuestros", me dijo el procurador de Justicia de Morelos, Carlos Peredo Merlo. Diciembre de 1995. Cuernavaca y Morelos fenecían ante la violencia y la inseguridad. En la primera línea de denuncia estaba el diputado del PRD y asesor del Grupo Cuautla, Graco Ramírez.

El año de 1996 fue el de las marchas. Recuerdo una de octubre que rodeó el Zócalo de Cuernavaca y tomó la Plaza de Armas en una tarde de una belleza que reanimaba. Los manifestantes no jugaban al poderío de los símbolos. Solo querían llevar a los niños a la escuela, levantar la cortina del negocio cada mañana, cerrar una transferencia bancaria por teléfono, cobrar a los taqueros el cerdo que se les vendió en la semana, preparar el invernadero. Querían vivir.

Guardaron 10 minutos de silencio, cantaron el himno nacional y se fueron sin necesidad de verbalizar nada sobre esa señora a la que iban dos veces que le secuestraban a los hijos, y por eso decían que cada día se volvía más loca. O sobre ese señor de pipa en mano, al que le costó 5 millones de dólares recuperar a su hijo. O sobre la gente del comisario de Ahuatepec, al que se habían llevado 15 días atrás.

"Es una lucha que vamos a ganar con paciencia", me dijo Graco en aquella Plaza de la Primavera. "No pedimos más que un orden que tranquilice".

Graco es ahora el gobernador de Morelos. Gente de 1995-96, y otros más, marcharán por esas calles el martes contra los secuestros, la violencia, la inseguridad. Y para que llegue alguien que pueda imponer un orden que tranquilice.

Es una tragedia.

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