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La verdad

PISTA DE DESPEGUE

Aquel enorme hombre enfundado en ropas negras levanta la mano derecha y dice, con su voz grave y con su marcado acento: hola. Basta ese gesto para que recuerde una cadena de ideas que hace años, cuando consolidaba mi gusto por el cine, adopté como credo: Nada es verdad. Todo está permitido. No pidas permiso para usar la cinta, las locaciones, los encuadres. Busca tu forma de distribución, libera nuestra conciencia de cualquier forma que te sea posible y nunca, nunca te rindas.

A finales del año pasado regresé al festival de cine fantástico y de terror Mórbido en Patzcuaro, Michoacán. Mi labor durante cada una de sus jornadas fue, además de ver más que un puñado de cintas ya inolvidables en un ambiente al que sólo puedo describir como mágico, el entrevistar a la mayoría de los directores, productores, guionistas o actores asistentes. Uno de ellos fue ese enorme hombre que siempre vistió de negro y que entonces me dijo hola, pero que hace años me regaló un credo: Richard Stanley.

Nacido en Sudáfrica, radicado durante algunos años en Londres, ahora viviendo en la campiña francesa, Stanley presentaba su último largometraje, el documental L'autre Monde (El Otro Mundo), en el festival.

Contado a partir de un evento paranormal que le ocurrió mientras exploraba las ruinas de la fortaleza de Montsegur, en el suroeste de Francia, el documental nos introduce a una región plagada de misterios, apodada La Zona, que han sido atestiguados por locales y turistas por igual.

Aderezada con la música de Simon Boswell, capturada por un inspirado Karim Hussain, El Otro Mundo inicia con Stanley diciéndonos: Esta es la historia de la cosa más extraña que me ha pasado. No espero que me crean… y lo logra. Porque lejos de ser un trabajo empeñado en darnos certidumbre de que todo lo que ocurre en esa región es real, El Otro Mundo de Stanley opta por mostrar a varios personajes que o relatan sus experiencias y muestran sus pruebas, o intentan dar una explicación o no de lo que ahí ocurre basados en la razón, o destilan disparatadas teorías que involucran portales interdimensionales, o simplemente dan cuenta de eventos históricos sin intentar emparentarlos con la vena mística. En resumen, El Otro Mundo es una nueva muestra por parte de Stanley de que la alquimia cinematográfica a la que desde sus primeros trabajos ha venerado está lejos de acabarse, y que eso de jamás rendirse nunca será credo de aquel que se considere cineasta.

La verdad sigue siendo nada, pero a la vez es todo, me responde. Sí, no pude contenerme. Lo que tú quieras que sea verdad, eso será. Por ejemplo, lo que sucede en la pantalla del cine mientras ves una película. Esa es una verdad. Una con muchos testigos, por cierto. En una función de cine ¿Cuántos ven una misma película? Sus reacciones hablan: lloran, ríen, tienen miedo, se enojan ¿Por qué? Por esa es la verdad en ese momento, no lo que suceda fuera de la sala. Y esa verdad es en la que ellos creen y buscan. Por eso están ahí.

Creo que no hay mejor forma de describir qué encontraremos en El Otro Mundo: una verdad compartida por muchos testigos, que ahora encuentra a nuevos testigos gracias al cine. Pero que nunca deja de ser una verdad en la que podemos o no creer, pero que seguro vamos a disfrutar.

@duendecallejero