Opinión

Las Tres Crisis de Ivan Locke

PISTA DE DESPEGUE
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Por: Agustín Galván

La noche inicia. Ivan Locke (Tom Hardy) conduce su BMW por la autopista que conecta a Birmingham con Londres. A Locke lo rodean otros autos, de los que solo vemos sus faros ir y venir a diferentes velocidades. Está cansado, tiene gripe, aquel no ha sido un buen día: es contratista y tuvo que dejar la construcción en la que trabaja en un momento importante. Con una llamada telefónica su malhumorado jefe se ha encargado de dejarle claro que su exitosa carrera acaba de encontrarse con el siempre temido momento en el que su futuro profesional depende de la próxima decisión que tome. Con otra, uno de sus ayudantes le informa que las cosas no van bien y lo necesitan.

Podemos llamarle a esa, la primera crisis: Locke debe regresar a la construcción para supervisar la obra que dejó pendiente o pierde su trabajo. Pero, bueno, también debe resolver la segunda crisis.

Esa ocurre en casa. Sus hijos y su esposa lo llaman para cuestionarlo. Saben que abandonó su trabajo, no saben dónde se encuentra y quieren saber qué tiene, a dónde va y si va a regresar a tiempo para ver el partido. Pero Locke tiene algo que decirles a todos ellos, algo que es la misma razón por la que abandonó la obra y ahora está en la autopista que conecta a Birmingham con Londres.

Una razón que seguro cambiará su vida para siempre y que, sí, es la tercera crisis. Una que ya es muy tarde para resolver y cuyas consecuencias ahora debe afrontar. Y la noche avanza.Eso, en resumen, es Locke, película dirigida por el también guionista británico Steve Knight (1959, Marlborough), cinta que suma un tanto más a esos one-man-shows estrenados luego de Sepultado de Rodrigo Cortés (2010).

Porque más que su historia, lo interesante de Locke es la forma en la que está realizada: durante seis noches, el actor Tom Hardy se subió dos veces a un BMW y recorrió también dos veces la autopista que conecta Birmingham con Londres para contestar dos veces por noche las llamadas de varios actores. En cada ocasión, tres cámaras digitales posicionadas en diferentes partes del automóvil lo grabaron. Luego, Knight tuvo 18 horas de Hardy para editar, en aparente tiempo real, la película completa.

Y sí, como ya sucedió con la citada Sepultado, o con Gravedad (2013) de Alfonso Cuarón y también con Todo Está Perdido (2013) de J.C. Chandor, Locke funciona más como un brillante ejercicio cinematográfico que como una película redonda. Nada podemos reclamarle al gran trabajo que realiza Hardy, único rostro que vemos durante la hora y media de metraje. No es una exageración afirmar que su barbado y cansado rostro es la película. Así como tampoco podemos reclamarle nada al gran trabajo de edición a cargo de Justine Wright, que bajo la supervisión de Knight, logra armar un inquietante relato sostenido, creanlo o no, más que sobre las posibles soluciones a cada algunas de las crisis que cada llamada telefónica acrecientan, mediante varios datos sobre el concreto. Eso sí, Locke juega muy bien el juego que impone su título: Encerrado podría ser la traducción, así como está el personaje principal, Ivan Locke, en sus problemas, en su auto, en la autopista, en esa noche. Aunque también nos podría recordarnos al filósofo inglés John Locke (1632-1704), padre del Empirismo moderno, filosofía que plantea que la que la experiencia, por medio de los sentidos, es la única forma de obtener conocimiento.

@duendecallejero