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Opinión

Las acreditaciones y las graciosas concesiones

RINCÓN BEISBOLERO

Por: José Carlos Campos

CUOTAS.- La escena, el hecho en sí, se hizo viral en redes y desató todo tipo de comentarios. Al final de un partido de futbol, un individuo a nivel terreno de juego, con gafete que lo acreditaba como representante de un medio de comunicación, encarando al director técnico del cuadro visitante. Ese es el contexto y en el estribillo, la identificación del ¿provocador? como un “reporfan”, alguien a quien la directiva del club local consideró justo otorgarle el gafete a manera de graciosa concesión o tal vez premio a una supuesta lealtad a la causa. El “bufandismo” en pleno o la disparatada idea de quienes creen que lo que mucho les cuesta armar, se merece este tipo de difusiones. La improvisación del ridículo.

Hablar de deporte, difundirlo, comunicarlo, no es tarea de propaganda ni entraña un simil con la compra de “likes” en las redes sociales. La acreditación de los medios en México se ha abaratado, se ha banalizado en forma tal que ya no extraña que hoy hasta TV Notas sea fuente. Nada de qué sorprenderse si es que al menos en el béisbol, el surgimiento de los “reporfans” (groupies con gafete) surgió desde hace muchos años, en parte por culpa de los propios medios de comunicación, frecuentes en hacer ver que “de deportes, cualquiera habla”. Enero de 1989, en Navojoa, quinto juego de la serie final entre Naranjeros de Hermosillo de Tim, Johnson y los Mayos locales. Buena pieza de pitcheo de Narciso Elvira y el colega preguntando los “quiénes” y los “porqués” de un deporte que no entendía. “Soy nuevo en esto”, hacía saber a todo el que lo escuchara. Venía desde la ciudad de México, su periódico lo mandó con todo y que su fuente era… el hipódromo de las Américas.

RAZONES.- El deporte es visto por algunos cual si fuera el mundo de la farándula. Más allá del nombre y los logros, lo que se busca es la foto con el personaje, el autógrafo para el “periodista” y para el amigo o la pareja en turno. O bien puede ser la silla en la sala de prensa, la vista privilegiada, el bocadillo y la bebida de regalo. De la nota luego hablamos, que al cabo el club manda el boletín. Ligas y clubes con reglamentos laxos, la cómoda permisividad porque, suponen, regalar gafetes “no hace daño”. Pero el periodismo serio muestra contrariedad, se molesta con la plaga que son esos personajes que hasta los vestidores entran para así acercarse más a un mundo “de ensueño”.

Y en la justificación, cuando más se quiere imponer el rigor, entrevistas de dos líneas con preguntas fuera de todo rigor periodístico, crónicas con fuente en el copy-paste y columnas que emanan todo el incienso posible para que siga habiendo gafetes en los años por venir. Y es que el gafete también se deja ver muy frecuentemente como recompensa por la sumisión, por la rendición incondicional. Los clubes no dejan de pensar que es necesario tener una prensa “alineada”, la que aplaude todo, la que nada cuestiona. Lamentable, de pena ajena, ver a “reporfans” y a “groupies” vestidos con jerseys y gorras del equipo “que cubren”, tomándose fotos con peloteros en los dogouts, pidiéndoles un autógrafo personalizado para más tarde exhibir los testimoniales en las redes. ¿Y la información? Solo faltaría que se justificaran diciendo que “cuando me dieron el gafete nadie dijo nada de trabajar”. Así, se vuelta a la butaca, a la botana, a la cerveza y que siga el carnaval de las vanidades.

SALIDA.- El escape a este fenómeno de nuestros días, y que afecta al aficionado de manera directa luego de que en lugar de información de calidad recibe masquiña, queda en la forma en que las ligas y clubes lo reconozcan, primero y lo atiendan con seriedad después. Rigorizar sus reglamentos de prensa, establecer protocolos de obligado cumplimiento y hacer una revisión a los directorios de medios a su alcance.

Esto es, que ligas y clubes ya no sigan devaluando al gafete de identificación, que paren de abaratar lo que representa la gran potestad del club como lo es la acreditación la cual, NO ES DERECHO del periodista, no es obligación alguna que se la otorguen. Lástima que se piense que se pueden repartir como volantes de circo y a lo más, que el gafete sea “boleto de cortesía”. El gafete, ese instrumento para aquellos que ven en el beisbol, un enorme escaparate de egos.