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Las bienaventuranzas y las responsabilidades humanas

COMALLI

En la aberración de nuestro tiempo, ¿cómo se pueden confrontar las Bienaventuranzas? ¿Se pueden éstas manipular desde los cotos del poder político o es una proposición desde el "no poder" para liberar de la indignidad a la sociedad? Las Bienaventuranzas son en sí mismas inmanipulables, aunque por más de dos mil años ha habido intentos de adulteración política. Las Bienaventuranzas fluyen de un Cristo "subversivo". En su Ser hombre-Dios, Cristo no se hubiera atrevido a alabar a los pobres, tristes, hambrientos y perseguidos, sólo desde la frialdad de la politiquería. Su identificación con los pobres, los hambrientos, los que lloran y los perseguidos es tal, que estuvo dispuesto a pagar las consecuencias. En los hechos, se hace uno mismo con los más pequeños, cuya carga, hambre, opresión y lágrimas, las llevó en sus espaldas hasta el final. Esta identificación con los pobres, por ello bienaventurados, invita a reflexionar: «..no se trata aquí que Jesús lleve los pecados de todos, lo cual es verdad, sino de que los unos, los pobres en el espíritu, los que tienen en sí un vacío de hambre, los que lloran, los perseguidos por la justicia, esos pueden ser habitados por Dios, por Cristo crucificado, mientras que aquellos sobre los que en Lucas se lanzan las cuatro quejas, los ricos, los saciados, los que ríen, los alabados por los hombres, no valoran ese lugar, sino que lo ocupan con su yo satisfecho» Balthasar. Cristo, al aceptar el lugar del más pequeño, es la fuente de la dignidad humana y en ello se fundamentan las responsabilidades y derechos de cada uno de nosotros. Todo esto de manera ascendente y no al contrario. En el mundo que vivimos, no hay ningún medio ético y político justo capaz de cambiar la corrupción y la violencia. Estamos frente a la alternativa de revitalizar la dignidad y las responsabilidades humanas, en la valoración del Cristo humilde y perseguido. Cuanto más abandonemos el poder y cultivemos la justicia "exigida" en los ojos del menos poderoso, más unidos estaremos con Dios. No son pobres los que carecen de bienes materiales, sino los que están orientados hacia Él.