Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Las cuatro crisis españolas

El terreno de la disputa está ubicado en el lado del Estado social y la democracia: otra vez.

España vive cuatro crisis: la económica, la del bipartidismo, la de su propia unidad y la de la monarquía; todas al mismo tiempo. El financiamiento del Estado social ha hecho crisis debido al predominio de un modelo que no le corresponde: al incubarse la crisis económica del neoliberalismo emergió también la disonancia entre aquél y éste. El sistema de la alternancia entre dos centros –centro-izquierda y centro-derecha–, a pesar de la rispidez verbal que le caracteriza, ha hecho crisis porque ahora ninguno de esos centros en realidad propone algo distinto. La unidad de España ha sido –unas veces menos y otras más– producto de relaciones de fuerza entre el españolismo y las otras naciones; la defensa de la unidad se produce desde la parte dominante mientras Cataluña y el País Vasco desean su independencia: la historia ha alcanzado a la vieja España. La monarquía, preparada por Franco y admitida por los demócratas como instrumento de negociación con el viejo régimen golpista, asesino y fascistoide, fue presentada como la "salvadora" de la transición pero esta última se ha agotado y, por consiguiente, no se requiere ninguna nueva "salvación".

Hay cuatro campanadas en este manojo de crisis: el quebranto estructural de las finanzas públicas, la recesión y el desempleo lacerante; el desprestigio creciente del rey y algunos de sus familiares por actos realizados por deseo frívolo o corrupción; la decisión del parlamento catalán de convocar a una consulta sobre la independencia; y el hecho de que los dos grandes partidos –los centros– no hayan alcanzado juntos la mayoría de los votos en la reciente elección de diputados europeos.

España entró en el camino de los nunca antes: nunca se había padecido un desempleo tan alto; nunca se habían producido escándalos conmovedores en la casa de Juan Carlos de Borbón; nunca se ha realizado –cosa que puede ocurrir– una consulta en urnas sobre la secesión; nunca había perdido la mayoría absoluta el sistema bipartidista. Al lado de estos cuatro existen otros muchos nunca antes que tienen carácter social o político, pero ambos terrenos se unen como siempre ocurre en las crisis.

Un elemento relevante de las cuatro crisis es la corrupción en el sistema político. En todas partes del mundo existe este fenómeno pero España tiene algo peculiar al respecto: figuras destacadas de los dos grandes partidos han estado metidas en la corrupción y, por si fuera poco, también la postiza familia real. Esto es diferente a la Italia de la crisis que llevó al desastre a la DC y sus aliados, pues allá estaban en las redes corruptas sólo quienes gobernaban y varios de ellos cayeron. En España, Aznar y Rajoy se dicen ignorantes de la caja de su propio partido y se les cree a pesar de que en el Partido Popular los jefes deciden todo y de que ellos recibían parte del dinero sucio.

La solución de las cuatro crisis no se producirá sin un acto soberano, como el expresado en la reciente elección del Parlamento Europeo, pero llevado a la forma de constituir el poder político español. El sistema electoral –parte del manojo de crisis– es del todo conveniente para el bipartidismo y por ello se le defiende aunque ya no sirve para la mejor expresión de la voluntad popular en el parlamento.

La parte más débil de lo que pudiera ser un programa de grandes reformas políticas y económicas es el penoso asunto de la monarquía –evidentemente inservible para cualquier reforma–, por lo cual la exigencia de un referéndum –no lo podría ser sino para refrendar una decisión ya tomada– tiene relevancia en tanto que es un grito dirigido contra un sistema en crisis, pero otra abolición de la monarquía no serviría por sí misma de nada. Además, los borbones han sido despedidos de España cinco veces y siempre han regresado.

El terreno de la disputa está ubicado en el lado del Estado social y la democracia: otra vez.

[email protected]