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Las dos Rosas

Pocas veces la personalidad de una mujer ha causado tantos sentimientos encontrados al punto de polarizar la opinión pública mexicana. Pocas veces una michoacana ha provocado tanto revuelo en los medios nacionales e internacionales. Y pocas veces un personaje había concentrado tantos claroscuros.

Rosa Verduzco, mejor conocida por sus centenares de hijos como Mamá Rosa, es la fundadora del albergue La Gran Familia y quien desde 1947 tomó la decisión de adoptar todos los niños de familias desamparadas y pobres que se encontraba en la calle sin importar su procedencia. Desde que inició esta labor social, el objetivo era no solo alimentarlos y ofrecerles un techo seguro, sino educarlos para darles herramientas para la vida, pero sobre todo, crear una gran familia. En 1973 el albergue obtuvo el estatuto de asociación civil, de allí que empezara a recibir ayuda de otras instituciones, de políticos y de particulares. Para entonces ya era una figura pública visitada por candidatos a la Presidencia, empresarios, damas de la alta sociedad y esposas de políticos. Cuenta Arturo Herrera Cornejo de La Jornada de Michoacán que la conoció en 1989, dirigiendo una banda de viento integrada por niños que llevaban su apellido: Verduzco. La banda musical formaba parte de la gira por Zamora del gobernador Genovevo Figueroa Zamudio: "A ver niños, una diana para el señor gobernador, que está estrenando güevos!". Si alguien era malhablada en Zamora era Mamá Rosa. Se podría haber encontrado en una comida de señoras bien o de esposas de políticos, y sin el menor empacho decía cosas como: "...que no me manden pinche ropa, quien viene a entregarme garras, lo mando a la chingada". Las invitadas más liberadas se reían, les llamaba la atención que una ex niña bien, rica, de una buena familia, vestida con su falda escocesa roja (sin olvidar su alfiler de seguridad) y su cárdigan del mismo color, se expresara como si viniera de las más bajas esferas. Más que su personalidad tan excéntrica, lo que más les impresionaba a estas mujeres era que Mamá Rosa, solita ella, fuera capaz de adoptar ante notario miles de niños. "¿O está totalmente desequilibrada y acumula niños como muchas de nosotras acumulamos vestidos, o es una madre Teresa a la mexicana?". Finalmente, nadie acababa de entenderla, por un lado daba un ejemplo de absoluta caridad y entrega y por otro, despertaba cierto "sospechosismo" por un enorme ego. ¿Por qué la necesidad de registrar a tantos niños con su apellido? ¿De dónde provenía su compulsión por rodearse de niños aparentemente sin hogar? Hay que decir que no todos eran huérfanos, Mamá Rosa los cuidaba mientras las madres de muchos de ellos trabajaban, o bien los llevaban al albergue porque eran muy rebeldes, no tenían con qué alimentarlos o eran víctimas de violencia familiar.

Los años pasaban y Mama Rosa, más vieja, más cansada y seguramente con menos recursos, seguía adoptando hijos. El albergue se iba deteriorando, las literas se iban acumulando y el trabajo, multiplicando. ¿Lavar tres veces al día 500 platos? ¿Preparar 500 desayunos? ¿Qué madre con 500 hijos se acuerda de su respectivo nombre de pila? ¿Qué madre aguanta cuidar centenas de niños y adolescentes de todas las edades?

En repetidas ocasiones, muchos de sus amigos periodistas e intelectuales que la adoran y que le reconocen su intensa labor social, le sugerían: "Mamá Rosa, ya te tienes que retirar. Tienes que descansar". Y qué decía Rosa Verduzco: "Con un carajo, no se metan en mi vida, son mis hijos, es mi casa y es mi albergue. No me voy a retirar. Ellos me necesitan". Lo que nunca se imaginó Mama Rosa es que la directora del DIF, la diputada Daniela de los Santos y el comisionado Alfredo Castillo, se reunieron por más de cuatro horas y finalmente, después de muchas denuncias, tomaron la decisión de realizar un cateo en el albergue el martes 15. ¿Qué fue lo que encontraron en su interior? El caos. La confusión. La perversión. Hacinamiento. Violaciones, animales de establo en medio de los niños, vehículos abandonados e inservibles dentro del albergue, toneladas de basura, comida podrida, tres pianos destartalados, una alberca abandonada y sucia, y hasta cinco ataúdes. Las fotografías que dieron la vuelta por todo el mundo eran devastadoras.

¿Qué le pasó a Mamá Rosa? ¿En dónde se desvirtuó el mensaje inicial? ¿Dormía acaso con la conciencia tranquila? No nos queremos imaginar el bullying, los abortos de las niñas, la violencia y la tristeza que reinaba entre esas paredes.

Todos somos responsables y a la vez, irresponsables: la falta de derechos elementales en los albergues, la omisión del Estado mexicano a lo largo de décadas, los padres de familia que no quieren responsabilizarse, los medios de comunicación por amarillistas y las dos Rosas.

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