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Las fallas y excesos que envuelven el problema del Acuario

ACENTO

El retraso en la construcción del tiburonario que, en parte, está a punto de costarle el empleo al gerente del Acuario Mazatlán, es quizá el menor de los problemas en torno a ese proyecto.

El nuevo recinto, que ya ha devorado cerca de 70 millones de pesos del erario, aún no se ha puesto en operación y ya es considerado un elefante blanco. La investigación del caso podría poner en evidencia una serie de irregularidades en las que se presumen, con base, el tráfico de influencias, la signación irregular de contratos, el sobreinflamiento de precios y la construcción deficiente del proyecto.

En suma, las corruptelas que envuelven a los proyectos públicos que terminan por ser un robo para el gobierno. A punto de iniciar su fase última, aumenta la presión por algunos sectores para hacer pública la serie de irregularidades que han envuelto el proyecto que potenciar turísticamente a Mazatlán y se ha convertido en un verdadero problema financiero para el Ayuntamiento.

Entre los nombres aparecen responsables de obras que en su tiempo fueron criticadas por su mala calidad, como la primera fase del nuevo malecón y las obras que continúan abandonadas, como el llamado malecón de los pobres.

Se trata, pues, de contratos que no debieron ser firmados y que a beneficio de, sabrá Dios qué funcionario, se concretaron los resultados que hoy mantienen al acuario a punto del colapso.