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Opinión

Las ironías del mundo

Por: Agustí­n Galván

Hay películas que se vuelven famosas por lo que sucedió detrás de cámaras. Ejemplos sobran, pero aquí va uno clásico: famosa es Apocalipsis Ahora (1979, Estados Unidos) de Francis Ford Coppola no solo por haberse llevado la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1979 cuando se presentó abiertamente como un “work in progress”, sino también por ser conocida como la película que, durante su larga y costosa producción, hizo realidad su título: fue un verdadero Apocalipsis que casi acaba con la carrera de su director y productor, además de casi matarlo a él y a un par de miembros del cast y el crew.

Apocalipsis Ahora tenía programada una filmación de seis semanas, pero acabó consumiendo dieciséis meses a todos los involucrados en 1976. Luego vendrían cerca de tres años de edición, que acabaron con parte de la fortuna de Coppola. Y, finalmente, durante su extenuante producción en Filipinas, el protagonista Martin Sheen, que suplió a Harvey Keitel, sufrió un ataque al corazón que no fue revelado hasta años después. Como no se quiso que las aseguradoras cerraran la producción, Coppola decidió contratar en secreto al hermano de Sheen, Joe Estevez, para que lo “doblara” en algunas escenas. El asunto es que todo ese “drama” que, por cierto, quedó plasmado en el documental Heart of Darkness: A Filmaker’s Apocalypse de 1991, dirigido y escrito por Fax Bahr y George Hickenlooper basándose en todo el material filmado por Eleanor Coppola; no “eclipsan” el hecho de que Apocalipsis Ahora es una de las mejores películas que se han hecho en la historia del cine. Un descarnado asomo al “corazón de las tinieblas” que late en la humanidad tras la Segunda Guerra Mundial, y que tuvo en Vietnam su respectivo soplo.

Sí, caray, hay películas que se vuelven famosas por lo que sucedió detrás de cámaras pero que trascienden toda anécdota y se convierten en referencias culturales por mérito propio. Otras son solo Todo el Dinero del Mundo (2017, Estados Unidos) de Ridley Scott, con guion de David Scarpa. Cumplidor thriller que vuelve a ponernos el tema preferido de Scott en la pantalla: personajes que “pelean imperios”, pero cuyo “drama” detrás de cámara acaba. “comiéndose” cualquier cuestionamiento o propuesta que plantee. Recordemos, dos semanas antes de su estreno se desata el escándalo sexual de Kevin Spacey, que originalmente interpretaba a Jean Paul Getty. Por el silencio en el que se sumió Spacey, que Scott señaló como irrespetuoso para sus compañeros cuyos trabajos claramente se verían afectados, decidió sustituirlo con su opción original: Christopher Plummer. La actuación del veterano Plummer resulta lo más destacado de esta película que, ni modo, en sí misma es una ironía: estamos ante una cinta que durante sus dos horas y quince minutos de duración nos repite una y otra vez que las personas no son objetos, que son irremplazables y que se tiene que mover cielo, mar y tierra por ellos; pero que en su producción nos dejan claro que nadie es indispensable y que si alguien resulta incómodo, pueden ser reemplazados gracias al dinero, la tecnología y ciertos huecos legales. Sí, caray: las ironías del mundo.