Opinión

Las otras voces

ACENTO

Por  Jorge Luis Lozano Pastrano

Las otras voces(Foto: Sergio Pérez/EL DEBATE)

Las otras voces | Foto: Sergio Pérez/EL DEBATE

Los sones del mariachi resonaron ayer por la mañana en la zona hotelera de Mazatlán. Los servidores turísticos celebraban el arribo de los primeros visitantes y la pausa de casi tres meses en la que sumió al destino la pandemia de COVID-19.

Fue un final de la inactividad turística y al confinamiento social por decreto del Gobierno estatal, pues en la práctica, Sinaloa continúa en alerta máxima y, por ende, en la etapa intensa de contagios y muertes. Hasta ayer, en las clínicas y hospitales de la entidad se contabilizaban 812 casos activos y mil 331 muertos.

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Mazatlán recibía a los turistas con cerca de 100 casos activos y 166 muertes. Así, mientras en la zona turística todo era fiesta, con funcionarios públicos municipales y estatales haciendo por separado sus ceremonias de reactivación turística, en las clínicas y hospitales con unidades de atención COVID-19 se alzaban las voces para pedir a las personas que se mantuvieran en sus hogares. 

En un recorrido que realizó EL DEBATE, se encontró de nuevo con las unidades médicas llenas de pacientes en espera de ser atendidos por tener los síntomas relacionados con el COVID-19. Hace apenas unos cuantos días, el personal médico de la Clínica Hospital de Zona del IMSS protestó por la muerte de dos compañeras enfermeras víctimas del COVID-19 y las condiciones desventajosas con las que son obligadas a combatir la enfermedad.

Hasta el fin de semana anterior, eran 322 los trabajadores de la salud que habían resultados contagiados con la enfermedad solo en Mazatlán, y a nivel estado eran 15 los que habían perdido la batalla. Por ello es comprensible el enojo que algunos médicos y enfermeros expresan al opinar sobra la reanudación de la actividad turística en Mazatlán.

A mayor cantidad de contagios, más riesgos para ellos y sus familias. Pero esas voces parece que no las escuchan los alcaldes ni gobernadores. 

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