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Las pantuflas y los tacones de Aurelio Nuño

En una entonces poco común entrevista concedida por un ex secretario particular de la Presidencia de la República, el mítico Humberto Romero nos dijo a Federico Arreola y a mí (MILENIO Semanal, abril 20, 1998), que el hombre más cercano al Presidente debe vivir en silencio, en humildad, y no debe creer que tiene personalidad y poder propios, porque su poder es un poder derivado.

Don Humberto elogió a Liébano Sáenz, quien ejercía el cargo a plenitud con el presidente Zedillo: "Vean ustedes con que discreción se mueve, cómo camina: es un secretario particular con pantuflas; camina, avanza y no hace ruido".

La historia de los número dos de Los Pinos podía contarse con una trilogía de figuras: Don Humberto (Adolfo López Mateos), José María Córdoba (Carlos Salinas de Gortari) y Liébano. Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia, se perfila como el cuarto de esa lista. Un cuarto muy distinto.

En una espléndida entrevista con Mayolo López, Nuño se presentó ayer sin desdoro como un operador activo, especialmente en el proceso reformador de la administración peñista.

Habló de la obligada discreción que imponen el puesto y cargo, pero proyectando una imagen de personaje, de protagonista.

Como adorador de la historia que afirmó ser, debe saber que al menos Córdoba y Liébano concluyeron sus carreras políticas el día que apagaron las luces de sus despachos en Los Pinos. Pero él tiene 36 años. Es decir, tiene un potencial de cuatro décadas por delante.

Quizá por eso diseñó con el Presidente un modelo de jefe de Oficina que todavía usa pantuflas, pero puede, debe taconear.