Opinión

Las reformas de este mundo

RAZONES
Avatar del

Por: Jorge Fernández Menéndez

El cambio es ley de vida. Cualquiera que sólo mire al pasado o al presente, se perderá el futuro.

John F. Kennedy

El debate en su etapa final duró 98 días, pero ello no es nada si asumimos que tuvimos que esperar 17 años para poder establecer una reforma profunda, real, destinada a crear un nuevo sistema de producción, explotación, generación y comercialización de energía en el país. Cuando comenzó este proceso de reforma, en realidad incluso antes de 1997, desde 1995, los precios del petróleo oscilaban entre 15 y 18 dólares por barril. Hoy la mezcla mexicana se venden a poco menos de 100 dólares por barril. En los años 90, Estados Unidos era una economía absolutamente dependiente de sus importaciones petroleras. Hoy Estados Unidos está a punto de convertirse en un país autosuficiente en energía. En estas casi dos décadas todo el sistema de producción, explotación y generación de energía ha cambiado en forma absoluta en el mundo: yacimientos que antes era impensable explotar hoy son rentables; precios altos y tecnologías nuevas han permitido explotar yacimientos y depósitos de petróleo y gas que hasta hace unos años era impensable hacer rentables. El mundo cambió y se transformó en todos los sentidos. Y en México nos quedamos exactamente igual. En realidad, no nos quedamos igual: cuando se está estancado y los demás avanzan, simplemente se retrocede. Y eso es lo que nos ocurrió.

Finalmente la próxima semana se promulgará este amplísimo paquete de leyes que permitirá que nos comencemos a tratar de poner al parejo de otros grandes productores de energía, asumiendo que el país no tiene mayor palanca de desarrollo que su enorme capacidad en todo este sector, desde el petrolero hasta el eléctrico, desde el gas hasta las energías renovables. Pero, dependiendo tanto nuestra economía de este sector (el 40 por ciento de nuestros ingresos fiscales siguen proveniendo del petróleo) la reforma energética permite ajustar toda una serie de variables que estaban desequilibradas y distorsionadas, desde el sistema de pensiones hasta el de la deuda y el financiamiento público.

Siempre se dijo que esta reforma no era posible porque el país, la sociedad no lo permitiría. Hubo quienes hablaron de rebeliones populares, fracturas sociales, pérdida de soberanía. En estas últimas semanas no faltaron declaraciones, pero la verdad era demasiado contundente. En el debate legislativo y político hubo excesos, relacionados en la mayoría de los casos con la ignorancia y la falta de argumentos de algunos personajes. También por oportunismo: ahí estuvo Fernando Mayans, crítico feroz de la reforma votando a favor de su parte financiera, para que el gobierno perredista de Tabasco pudiera tener mayores ingresos; ahí quedó la insólita postura del PRD rechazando que el Estado se hiciera cargo de parte de los pasivos laborales de Pemex cuando en su iniciativa y en todas las intervenciones que en representación de su partido tuvo Cuauhtémoc Cárdenas ante el congreso, siempre demandó que ese pasivo laboral fuera absorbido por el Estado en su totalidad. Pocas cosas terminan siendo tan desconcertantes como observar a fuerzas que se dicen de izquierda representadas por personajes de derecha y esgrimiendo un discurso profundamente conservador.

Pero más allá de eso, no hubo estallidos populares ni siquiera manifestaciones populosas. La gente no está entusiasmada (ni con esa ni con ninguna otra reforma) porque aún no las percibe en su vida cotidiana, pero la oposición beligerante a ellas no es tal. El PRI se mantuvo con enorme disciplina en la línea seguida, incluyendo no acelerar un debate que estaba agotado. El PAN, más allá de sus diferencias internas, en se mantuvo unido y con un discurso responsable y coherente con su pasado. A eso se sumaron el Verde y el Panal. Es verdad que el PRD se opuso, pero salvo excepciones, lo hizo respetando las reglas del juego: no hubo toma de tribunas, ni violencia, ni en el Congreso ni en las calles. Algunos de sus legisladores, pese a su oposición, en forma notable Miguel Ángel Barbosa, también Silvano Aureoles, mantuvieron la dignidad de sus cargos y la capacidad de diálogo. El propio López Obrador, más allá de algún discurso beligerante en su eterna campaña, actuó de forma responsable y mantuvo un bajo perfil, como Cárdenas, como Zambrano, como muchos otros dirigentes de la llamada izquierda que sabían que los cambios eran inevitables.

Porque la civilidad de todo este proceso de reformas debe destacarse. No es un producto menor y mucho menos espontáneo: ha habido mucho trabajo político detrás para lograr este resultado y sólo haciendo una mirada retrospectiva se puede aquilatar en toda su magnitud la importancia de haberlo vivido. Se cierra toda una etapa en la vida del país. Habrá que aprovechar y utilizar mucho mejor la que se abre.

jorgefernandezm@icloud.com