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Las universidades públicas a debate

POLITEIA

Las universidades públicas en México cumplieron, sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, una función decisiva como canal de ascenso y movilidad social. Millones de mexicanos procedentes de los sectores populares tuvieron acceso a la educación superior, un bien básico cuyo disfrute les permitió, al mismo tiempo, hacer una muy valiosa contribución al desarrollo social y material de nuestro país.

Pero, como muchas instituciones, experimentan una crisis sistémica. A los naturales problemas de adaptación y funcionalidad, a la separación frente a los asuntos del mundo real, a los esfuerzos de instrumentalización de grupos de poder que quieren ponerlas al servicio de intereses particulares, desnaturalizando su función y misión social, la universidad pública sólo puede oponer su fortaleza moral y defender su condición de espacio donde se procesan proyectos de futuro para la vida colectiva.

De manera periódica, a través de sus organismos, como la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies), elaboran sus proyectos y propuestas, entre las que destaca la de una nueva generación de políticas públicas en el marco de un modelo de inclusión con responsabilidad social, y que obliga también a ir más allá del tema de la cobertura y revisar la pertinencia y calidad de su oferta educativa, en la búsqueda de una inserción estructural que las consolide como artífices de un nuevo estilo de desarrollo.

Estos problemas estructurales de las universidades públicas mexicanas –los padecen las dos grandes instituciones de educación superior del estado—, se experimentan en otras latitudes. En Europa han resentido en estos años como pocas instituciones todo el peso de la crisis económica, y muchos proyectos estratégicos, entre otros del Espacio Europeo de Educación Superior, se han visto limitados en el despliegue de todas sus enormes potencialidades.

En los Estados Unidos también se busca hacer frente a este desajuste entre las universidades y el entorno productivo. Con una visión más pragmática y, por tanto, más instrumentalista, el gobierno ha puesto en marcha una estrategia que apunta al fortalecimiento de una alianza entre universidades, administración y empresas para formar trabajadores altamente calificados que contribuyan a elevar la productividad de la industria.

Desde hace años hay un debate sobre el papel de las universidades, no tanto sobre su desempeño como parte de la superestructura, sino de la base económica. Algunos advierten en ellas una acentuada tendencia a convertirse en una rama de la producción, sobre todo en los países de alto nivel de desarrollo, papel que contrasta con las penurias financieras crónicas que padecen en países como el nuestro.

No son los mejores tiempos para las universidades públicas. Como bien dice Josep María Montaner, "en lugar de ser espacios para la invención y la creatividad, donde desarrollar el derecho a conocer y la inteligencia social, el colegio se ha convertido en una fábrica y la universidad en una empresa".

Frente a esta realidad, se impone la defensa de la universidad pública. Tal debe ser el sentido del pacto social para evitar que se desnaturalice en sus fines y propósitos sociales.

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