Opinión

Lección por aprender

GUASAVE

Por: Moisés García

Se inició el proceso de derogación del cuestionado 51 Bis que en opinión de observadores y analistas acotaba peligrosamente la labor de los periodistas y en consecuencia contravenía el espíritu del Séptimo Constitucional que garantiza sin restricciones la libertad de expresión.

Es un asunto, ciertamente bastante trillado, pero no por eso deja de ser necesario airearlo públicamente, aunque en este caso se haya reculado, para que la defensa se mantenga como bandera permanente, pues seguramente no será la última amenaza por amordazar el libre juego de las ideas y pensamiento.

Quiere decir entonces que con el reversazo del gobierno del estado por efectos de la presión social no finalizará la lucha para que se respete el derecho a la información de suya muy limitada por la opacidad con la que desde siempre se maneja todo lo que tiene que ver con el interés y patrimonio de los sinaloenses.

Lo del "51 Bis" es apenas un capítulo más, de una historia vieja que constantemente actualizan los hombres del poder para alinear la verdad ciudadana a sus propias y torcidas conveniencias. Que esta vez se tradujo en un fracaso es cierto, pero eso no mermará ni en los gobiernos de hoy ni en los de mañana, la intención.

Pero más allá de todo eso, que a nuestro juicio es la forma del prurito gubernamental, faltaría combatir el fondo de la cuestión del autoritarismo a ultranza que es naturaleza del poder público y que no se constriñe únicamente a las embestidas contra el periodismo, sino que trasciende en perjuicio de la sociedad en general.

El verdadero problema es la clase de diputados que llegan al Congreso. Son sus líderes anacrónicos, formados a imagen y semejanza del viejo PRI.

Ese es el problema de Sinaloa, diputados como Jesús Enrique Hernández Chávez, que lo dirige para medrar y de quienes presumen de opositores, que aunque jóvenes como Adolfo Rojo, del PAN, no se diferencian mucho de aquel y la parvada de ineptos y convenencieros curulecos.

Y qué decir del diputado panista y líder de la fracción, el obsoleto Francisco Solano Urías o de su homólogo del PRD, Imelda Castro, que como tales, sólo jalan agua para su molino.

Bajo esas circunstancias, lo que según la teoría es o debería ser valladar, como poder independiente, a los excesos del poder público, la Cámara de Diputados hoy como nunca en su triste y oscura historia -y mire que la tiene-, está convertida, no sólo en caja de resonancia del gobierno estatal, sino en alfombra tendida para vergüenza de la dignidad y el decoro legislativo.

Pienso que la abyección que han enseñado, sin que se le tiñen de rubor los cachetes, debería ser una lección para la sociedad sinaloense, pues no es ya tolerable seguir soportando a ese tipo de vividores de los dineros públicos.

Que sirva para reflexionar sobre la necesidad de que al momento de votar se razone y haciendo uso del derecho cívico que se tiene rechazar en las urnas a esa clase de oportunistas que sirven a un solo amo: el gobierno del estado.

Mientras los sinaloenses no se atrevan a imponer su voluntad a la hora de las elecciones, no sólo la Cámara de Diputados, sino también el Poder Ejecutivo, seguirá haciendo de las suyas en detrimento de los intereses sociales.

Aunque primero tendríamos que preguntar ¿cómo hacer para que los votantes empujen un cambio que se apegue a lo que necesita de sus gobernantes, si hace mucho que algo se pudrió en la política?

Buscar en los partidos a candidatos con real vocación para servir es como pretender encontrar una aguja en un pajar.