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Opinión

Legal pero peligroso

SAPIENZA
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Por: EMMANUEL

Según ciertos cálculos, en Estados Unidos han muerto unos 50 millones de bebés en los vientres de sus madres, desde que en 1973 se legalizó el aborto en ese país. Una cantidad así es mayor que la de los soldados estadounidenses que ha muerto en todas las batallas en que ha participado su país. Una cantidad así es la que se estima murió durante la Segunda Guerra Mundial. Hablamos ya de cuatro décadas de la legalización del aborto y contando, pero la polémica no ha terminado. Cuando se legalizó el aborto, la inmensa mayoría de la población lo consideraba algo malo, pero unos cuantos hombres de la Suprema Corte lo aprobaron. Fue la decisión de una minoría impuesta a las mayorías. Hoy la cifra de abortos en el país supera el millón y medio al año, lo que, si se contabilizara como debe ser, volvería a Estados Unidos uno de los países con mayor tasa de mortandad infantil en el mundo. Para darnos una idea de la situación de la que hablamos, consideremos que si semejante tasa de mortandad anual se practicara en los habitantes de una ciudad como Guadalajara, la segunda más poblada de México, en menos de tres años se acabaría con todos los habitantes de la ciudad. Una tercera parte de los bebés concebidos muere a causa del aborto, que es la cirugía realizada con mayor frecuencia en adultos estadounidenses. De acuerdo a ciertos estudios, el número de abortos es mayor que el de nacimientos en 14 ciudades del país. Lo paradójico de esto es que si no fuera por la inmigración, el crecimiento poblacional de Estados Unidos estaría en problemas. Y resulta también paradójico –más bien trágico— que habiendo tal cantidad de muertes al año por este motivo, haya un número muy similar de parejas que no pudiendo concebir, deseen adoptar. Parejas con deseos tan fuertes de adoptar a bebés sin importar el color de su piel, su género o su discapacidad. No, el aborto no tiene razón de ser, pese a lo que se diga, y su legalización de ninguna manera lo hace más seguro de lo que ya era antes de legalizarse, pues aunque es más riesgoso que el parto, no es común que la mujer muera en un aborto. Legalizarlo no lo hace más seguro, sobre todo para el bebé, pues dos personas entran al quirófano, pero solo una sale viva.