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Legendarios túneles

A DOS DE TRES

¡Ay! No. Los del Departamento de Vida y Estilo de A dos de tres se acercan, taza de café en mano, eso no presagia nada bueno. "Hola, tenemos varias dudas", sueltan a bocajarro. Qué dudas, respondo malhumorada. "Es sobre los túneles por donde escapó en Culiacán el señor Joaquín Guzmán. ¿Desde cuándo los hicieron?¿Cómo lograron sacar toda esa tierra sin que nadie viera nada. Mira que no puedes levantar ni una bardita en tu casa sin escaparte de la visita de un inspector, y en los reportajes se habla de una red de túneles que parece línea del metro, ¿cómo le hicieron?". De inicio –respondo- les aclaro que el tema de los túneles en Culiacán es muy antiguo y la historia, con sus variantes, se repite. "Cuenta, cuenta", piden entusiasmados.

Sobre cómo hicieron los túneles de moda no tengo idea, a lo mejor aplicaron aquello de "tú pa'bajo no sabes mirar" y así lograron interconectar los atajos al drenaje pluvial. "¡Al drenaje pluvial! –interrumpe una- o sea que en época de lluvias ni manera de salir por ahí, con la de arroyos que hay mueres ahogado". Este asunto de los túneles es muy antiguo, prosigo haciendo caso omiso a la observación. A los predigitales nos tocó que los abuelos contaran que bajo Culiacán había una red de túneles que interconectaban edificios antiguos y salían por rumbos de La Divisa y El Barrio, puntos lejísimos de la mancha urbana de aquel entonces. Referían que los túneles los habían mandado construir los ricos de la época para transportar con seguridad sus caudales, y al estallar la Revolución se habían convertido en rutas de huida. Decían también que en esos conductos había tesoros, centenarios y lingotes de plata que no habían podido ser recuperados por sus dueños, muertos en el movimiento armado. Por décadas, la existencia de los túneles fue parte de las leyendas urbanas de Culiacán. Mientras unos descartaban su existencia, otros precisaban que varias casonas y edificios sobre las calles Ángel Flores y Rosales tenían acceso a ellos, al igual que el edificio que hoy ocupa el Palacio Municipal, el del Instituto de la Juventud (que fue casa del gobernador Francisco Cañedo), el Archivo Histórico (alguna vez Palacio de Gobierno) e incluso la Catedral. Se hablaba que el general Ramón F. Iturbe, obsesionado con el tema, logró trazar un mapa con los pasadizos que descubrió, mapa que hasta ahora no se ha sabido que haya sido localizado ¡capaz que lo escondió en un túnel! Con el crecimiento de la ciudad, a medida que se levantaron nuevos edificios y se ampliaron los sistemas de agua potable, drenaje sanitario y drenaje pluvial, en algunos puntos del subsuelo del centro de la ciudad aparecieron arcos definidos, unos sellados y otros afectados por la acción del tiempo. La voz popular dijo que se trataba de los legendarios túneles. A la historia le faltaba el misterio de lo esotérico, y era entonces cuando las abuelas espantadas advertían que en la parte posterior de la Catedral había un túnel sellado que por ningún motivo debía abrirse, pues si ello ocurría una amenaza pendía sobre Culiacán.

Sobre los recientes pasajes… "Oye –interrumpen de nuevo los de Vida y Estilo- dicen que el señor Guzmán recorrió más de tres kilómetros por esos espacios tan faltos de aire fresco y que han de oler horrible. ¡O sea!, eso equivale a cinco horas seguidas en la elíptica. ¡Qué condición física!", completan. Bueno, insisto, el asunto es que en el imaginario no dilatan en surgir las historias de lo que pudo haber quedado en los nuevos túneles. En la época revolucionaria se hablaba de centenarios y lingotes de plata que quedaron escondidos, en esta era vaya usted a saber de lo que se hable. El tiempo lo dirá.

Muchas gracias por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones, por favor en [email protected] En Twitter en @MarisaPineda Anímese a leer un libro, y mientras, que tenga una semana en que no se le escape la alegría de vivir.