Opinión

Leggins levanta envidias

A DOS DE TRES
Avatar del

Por: Marisa Pineda

Voy a dejarme ver envidiosa. Envidiosa del valor, de la seguridad en sí misma, de la autoestima, de la desfachatez, de la ausencia de pudor o de como le quiera Usted llamar, el asunto es que envidio a las mujeres que se ponen "leggins" y salen a la calle sin nada más que les cubra de la cintura a los tobillos, de esas mujeres a las que no les importa que la susodicha prenda está más cerca de ser una pantimedia que un pantalón y así salen a la calle sin importar más nada.

El uso de los leggins ha dado lugar a bandos; el de quienes reprueban el uso de la referida prenda como suplente de los pantalones, el de aquellos que consideran que hay condiciones en que su uso casi cae en infracción al bando de policía y buen gobierno y el de quienes terminamos diciendo que a final de cuentas si la persona que los viste es feliz aunque luzca gatal, es muy su gusto. Los del Departamento de Vida y Estilo de A dos de tres, que en asuntos de moda pueden llegar a ser puristas, dicen que a partir de cierta edad y de cierto peso los leggins deberían de usarse sólo bajo largas blusas, por bien de todos.

Y los de Vida y Estilo añaden: los leggins no son ninguna novedad, se trata de una prenda inicialmente utilizada como ropa deportiva o en bailarines para dar calor a las piernas. A diferencia de las mallas, los leggins dejan al descubierto los pies. Para quienes vivieron (vivimos, dijo la otra) los horribles 80 y sus modas los leggins no son ajenos. En aquel tiempo Madonna los puso en el candelero y años atrás Olivia Newton John había hecho lo propio. En México el grupo Flans los convirtió en prenda indispensable en el guardarropa.

En ese tiempo los leggins, entonces conocidos como "mallas" o "mallones", solían usarse bajo grandes blusones (en los 80 las prendas o quedaban más que ceñidas al cuerpo o quedaban por demás holgadas, no había término medio); sin embargo, había quienes tenían un cuerpo de concurso y lo presumían ataviadas con mallas que translucían unas bien trabajadas piernas y camisetas cortas que dejaban ver el ombligo y un abdomen marcado por el constante ejercicio. A esas blusitas les decíamos "ombligueras" hoy las anuncian como crop tops pero a final de cuentas "ombligueras" o crop tops se trata de que dejen la panza al descubierto.

Sin embargo, entonces, como ahora, la percepción puede engañarnos y jugarnos malas pasadas. Así, había quienes en vez de mostrar un abdomen de gimnasio ostentaban apósitos de grasa bajo las cuales se escondía el ombligo. No faltaban las que no alcanzaban a percibir el engañoso grueso del tejido de las mallas que lejos de disimular parecía poner flechas señalado la celulitis, la flacidez de los muslos y, por supuesto, la ropa interior… o la ausencia de ella. Eran casos en que si uno no quería enterarse si la interfecta usaba calzón o tanga lo mejor era voltear hacia otro lado.

Dicen los del Departamento de Vida y Estilo de A dos de tres que tarde o temprano todo vuelve a ponerse de moda y en ese reciclaje el siglo 21 trajo de vuelta los "mallones" rebautizados como leggins a los que añadió estampados que hacen más notorios aún los defectos en glúteos y muslos. Un trasero, digamos, inconveniente, puede convertir a un diseño de florecitas en uno de crisantemos o de Nochebuenas; a una fina línea en la raya que separa los carriles en la carretera y a unas letritas en colores neón en un símil de anuncio luminoso. El siglo 21 trajo además los leggins color carne que provocan la ilusión óptica de que sólo se porta la prenda superior y hacen que más de una ceja se alce con sorpresa, desagrado o, como mi caso, con cierta envidia por eso que no logro establecer si es seguridad en sí mismo, desfachatez, descaro, afán de provocación, autoestima a toda prueba o mero ejercicio de absoluta libertad.

Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com. En Twitter en @MarisaPineda. Anímese a leer un libro y en tanto, que tenga una semana libre de envidias.