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Lety

Letizia Ortiz, futura reina de los españoles, trabajó en 1996 en el diario Siglo XXI entre seis y ocho meses. Llegó a Guadalajara como becaria con una relación sentimental terminada, la cual había durado más de una década, a los 23 años. Sus compañeros de trabajo la recuerdan amistosa, abierta, sonriente, pero sobre todo, guapísima. Se hizo de muchos amigos y amigas entre la gente de la redacción. Entonces su jefa era Cecilia Jarero, editora del suplemento Tentaciones. Cuando Eduardo Aragón, periodista desde hace 23 años y actualmente productor de CNN, conoció a Letizia Ortiz, de inmediato hizo "click" con ella. Eran vecinos del mismo escritorio. Durante el día solían mandarse mensajitos a través de la red internet del periódico para ver cómo iba su respectiva jornada. "Lalo: ¿Cómo vas con tu nota?", le preguntaba. "Estamos en ésas, Lety", le contestaba su amigo, quien nunca se imaginó que un día esa misma Lety se convertiría en la esposa del próximo rey de España. Hemos de decir que Eduardo ha sido entrevistado por muchos medios, especialmente, cuando se anunció el matrimonio de los príncipes de Asturias. Y nunca como ahora lo siguen entrevistando para saber cómo era Letizia cuando era una simple plebeya.

-No, yo no soy la guapa, mis hermanas son las guapas. Deberías ver a Telma -decía siempre que le echaban "flores" respecto a su físico. Su trabajo como periodista del Siglo XXI consistía en ir a restaurantes recién inaugurados, galerías de arte, entrevistas con diseñadores y tiendas de artesanía principalmente en Tlaquepaque. Lo suyo era "soft news". Eduardo insiste en decir que: "era muy chambeadora y muy puntual. Le gustaba mucho salir a la calle y hablar con la gente. Después del trabajo, siempre estaba puesta para ir a un barecito con amigos, pero no en lugares que le parecían demasiado 'pijos' (fresas). De hecho, éstos los odiaba y si podía los evitaba. Le gustaba ir al bar 'La Fuente' y la 'Maestranza' y por lo general pedía un whisky".

Su amigo y ex compañero de trabajo hace hincapié respecto a su forma de vestir en esos años. "No era una chica de tacones, siempre llevaba jeans blancos o negros y una camisa blanca. Usaba muchos chalecos, incluso le gustaba uno que yo usaba de cuero medio viejito. 'El tuyo tiene historia', decía. La recuerdo con mucho porte. Como le tocaba recorrer restaurantes, galerías de arte y tiendas de artesanía prefería usar ropa cómoda. Era una chava muy determinada, tenía bastante claro que lo que le gustaba eran los medios electrónicos". Entonces aún no trabajaba en la televisión. "Tuvo un par de pretendientes en el periódico. Todo el tiempo se la querían ligar. En aquella época no estaba tan delgada. En general tenía más amigos que amigas". Letizia vivió, como becaria, un tiempo por el centro de Guadalajara en una casa de asistencia. Luego se mudó a una casa por Jardines del Country. "Que yo recuerde, no era muy amante al tequila, pero sí a la comida mexicana, especialmente los tacos. No era quisquillosa. La gente 'fresa' no era lo suyo. Un día me contó que cuando tenía 18 o 19 años, entrevistó a Carlos Fuentes. Para ella eso fue como un verdadero privilegio". A Letizia le gustaba viajar a Manzanillo y a Chapala. Leía de todo. "Sí, era lectora, pero nunca la vi con una revista Hola!". Hablaba mucho de sus papás y especialmente de su abuela, porque le tenía mucha admiración como conductora de radio. Cuando se fue, se le hizo una despedida, en casa de uno de los editores, con los amigos del periódico. Antes de que regresara a España, uno de sus pretendientes le escribió anónimamente en un cartoncito un fragmento de la canción del grupo español "Amistades peligrosas". La canción se llamaba "Me quedaré solo". El recado decía: "Tía, sin tu alegría seré un pringao, caeré en picao, me quedaré solo...". "Es cierto que Lety era muy alegre y divertida. Tenía sentido del humor. No era tímida y era más bien platicadora, le gustaba conversar con la gente. Recuerdo que le llamaba la atención que las mexicanas se maquillaran tanto, porque ella usaba muy poco maquillaje. Era muy sencilla y natural".

Ahora, cuando Eduardo ve a la futura reina de España retratada con su corona en la cabeza, siente nostalgia y curiosidad por esa joven becaria que odiaba los lugares demasiado elegantes y la gente pretenciosa. "Me gustaría ir a entrevistarla y preguntarle cómo está viviendo esta nueva etapa en su vida. Yo creo que sí es feliz, aunque ella debe de extrañar esa etapa como periodista que le permitía salir libremente a la calle y hablar con la gente".

Cuando finalmente me despedí de Eduardo por teléfono, lo sentí triste. Era evidente que extrañaba a aquella Lety tan cool y tan buena onda.

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