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Lo que más odio del mundo mundial

Per saecula saeculorum

La mayoría de mis lectores o de la gente que me conoce profundamente sabe que una de las cosas que más odio en este mundo son obviamente las semillas de limón. Pero después de esas asquerosas, pequeñas, babosas e insignificantes fregaderitas debo confesar que a la lista le sigue una gran y vergonzosa verdad: odio el futbol, sobre todo la pasión y la afición. Ya sé que merezco que me amarren a un tractor y me arrastren desde Choix hasta Escuinapa bichi y en terracería, lo acepto, pero necesito platicarles por qué: en mi casa no se vivió el ambiente futbolístico, ni se mencionaban los partidos, ni los hombres de mi casa gritaban al televisor o se ponían las camisetas; jamás he presenciado un partido (ni de niños) y mucho menos me sé los nombres, alineaciones o posiciones de los jugadores, equipos, intercambios, cartitas, jerseys, contratos y todas esas cosas que emocionan tanto a los aficionados. Con decirles que me expreso de la siguiente manera: "¿quién echó el gol?". Soy ignorante completamente en el tema y puede que esa sea la naturaleza y raíz de mi odio retorcido, ya que me gusta saber de todo un poco. Y de esto debo aceptar que no sé nada, ni sabré por mera decidia. Así que desde que inició el mundial advertí a mis amistades amantes del balompié que estaría un poco "grinch" y amargosa cuando en el tema se apasionaran y que me dedicaría a hacer un club antifutbol, antibromas por WhatsApp que ni entiendo y sobre todo que convertiría mi casa en un lugar de reunión y refugio para todos aquellos que detestaran tener a este deporte como tópico principal, ya que es difícil sobre todo en épocas de mundial cargar con este repugnante sentimiento a cuestas cuando por todos lados te están agarrando a balonazos de publicidad y entusiasmo. Bueno, más pronto cae un hablador que un cojo, yo creo que alguien me embrujó, me hizo vudú, puso hierbas bajo mi cama, me hizo un amarre o qué se yo porque la testosterona del ambiente se ha apoderado de mis sentimientos negativos y los ha convertido en positivos. Aún odio el futbol, pero ya no me molesta ver los juegos, sobre todo de México. Ganaron fanáticos, me envolvieron, me atraparon, me convirtieron, me curaron y estoy con ustedes, con decirles que para el juego pasado hasta preparé comida en honor al tricolor: enchiladas de pollo divorciadas, con salsa verde y salsa roja, mucha lechuga, panela y cebolla morada. Invité amigos, compartí mis heladas importadas y estuve muy atenta a lo que sucedió, grité "gol" y creo que hasta empiezo a entender qué significa eso de "fuera de lugar"… mentiras, nunca lo entenderé y no me importa, como dijo la famosa y sinaloense Galatzia: el cerebro de las mujeres no está diseñado para entender esos términos, pero bueno, el caso es que terminándose el partido como aficionada novata di mi punto de vista sobre el equipo mexicano y me convertí hasta en directora técnica a larga distancia. Por eso tengo algo positivo qué decir respecto al futbol: si esa "pasión, afición, amor" al futbol por la simple empatía hacia el equipo, a la camiseta, al jugador, al país, es capaz de convertir mi enojo, mi repudio y mi mala vibra en algo emocionantemente positivo, entusiasta, divertido, fantasioso, esperanzado y maravilloso que me pone la piel chinita al oír el Cielito lindo, creo que es capaz de hacer a cualquier mexicano un poco mejor, al rico igual que al pobre, al viejo igual que al joven, aunque dejen de trabajar por ver el partido, aunque dejen de atender en los restaurantes, aunque suspendan las clases, aunque empeñen las joyas para comprar una tele, aunque hipotequen la casa para ir a Brasil, aunque se vuelva más difícil por fuera. Si se siente así de bien en el corazón, está bien. Así que bravo, ojalá vuelvan a ganar, porque muchos necesitan ese abrazo latente y paisano que muchas veces el gobierno no se los da. ¡Suerte México! ///

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