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Lo que un político debe olvidar

POLIARQUÍA

La política es un camino ligero de equipaje. No se puede viajar con lo que más pesa sobre la espalda. Sobre todo aquello que nubla el camino de la inteligencia, la razón y el ánimo sereno. ¿Qué es lo que un político debe dejar en su andar? Aquí algunas prendas.

Los pesimismos. El verdadero político cree que puede cambiar las cosas. El buen político es un rebelde cotidiano. Un ingenuo inteligente. El pesimismo es una alergia. Un envoltorio a la ineficacia. Siempre hay mil razones para no hacer lo que se debe de hacer. Siempre una justificación perezosa. Un pretexto burocrático. En política el pesimismo siempre esconde un miedo a intentar. Un político que no intenta es un político mediocre.

Los rencores. Hay golpes que se quedan en la mente para siempre. No son fáciles de limpiarse. Los agravios en política suelen ser una punzada que vuelve una y otra vez. Los rencores impiden que el estómago descanse. Hacen que el sueño se vuelva una pesadilla. La venganza es un plato que se come frío, dice la sentencia de los viejos. Pero el rencor termina por devorar al que lo lleva dentro. Lo vuelve un político obsesionado con la revancha. Con el odio.

Los malos amigos. Escuché de joven en la voz de un cantante argentino algo así como esta frase: "¿Y tú que tiras al agua? Trabajos mal terminados, canciones inacabadas, nombres de malos amigos…" La vida de un político se va llenando de malos amigos. Aquellos que son fieles cuando están los cargos y los éxitos. Son los que se van cuando cae la tarde del poder. La política suele ser una síntesis de la vida. Y viceversa.

Los malos días. Nadie que haya practicado la política ha estado exento de los malos días. Son aquellos en que se olvida un nombre en el acto importante; se da una mala declaración a los medios; se toma una decisión poco razonada y que tiene graves consecuencias. Hay días que marcan para siempre a un político. Son los malos días que se padecen con el ejercicio del poder. Son los que quisieran borrarse en un instante, pero que siguen imborrables en la memoria de los enemigos.

Las frases huecas. La política no es recetario de frases mil veces dichas. Las frases que en un tiempo fueron ingeniosas y que a fuerza de repetirlas, resultan huecas. Un político debe dejar la pereza de la repetición. Debe inventar sus propias frases. Sus propias expresiones. Y no se trata de construir tratados filosóficos. Muchas veces las buenas frases son producto del ingenio y la imaginación. De la experiencia de la propia vida.

Las quejas. La política es como un reino con una advertencia en su puerta: "Prohibida la entrada a los espíritus débiles" Quien entra a este espacio debe saber que la política es para quienes están dispuestos a luchar contra las contradicciones de la condición humana. De los intereses de cada nombre. Un político no puede ser un ser quejoso. El temple es una armazón indispensable para el ejercicio de la política. La queja debe ser utilizada sólo como recurso retórico o como un instrumento de inconformidad, nunca como un lamento del político.

[email protected] twitter: @guadalupe2003