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Los alcaldes sinaloenses ya quemaron su primera carta

DOS MÁS DOS

Al igual que Leonid Brézhnev, cuando en 1964, tras la destitución de Nikita Jrushchov, toma protesta como Primer Secretario del Partido Comunista de la entonces Unión Soviética, los alcaldes sinaloenses, guardando las debidas proporciones, al llegar a su despacho después de prestar juramento constitucional, encuentran en el que será su escritorio, tres sobres numerados y lacrados, elaborados por sus antecesores, junto a una nota que dice: "abrir el primer sobre, cuando sobrevenga una crisis".

No fue necesario esperar mucho tiempo para que los alcaldes, enfrentaran la primera dificultad. Al iniciar enero, las arcas municipales estaban vacías y los estados financieros registraban pasivos de corto plazo sin fuentes de pago. La capa de superhéroe que utilizaron en campaña ya no tenía poderes mágicos. Presurosamente, hurgaron en su escritorio en busca de los tres sobres, hasta dar con ellos. Al romper el marcado con el número uno, hallan una carta donde se recomienda: "Échame a mí la culpa de todo. Cuando se presente otra crisis, abre el segundo sobre".

A siete meses de su gestión, todos ellos, han atendido el consejo. Algunos con pulcritud, otros sin misericordia, pero todos han responsabilizado a su antecesor, de no poder cumplir con su deber constitucional y cumplir con sus promesas de campaña.

El tiempo sigue su curso y una nueva crisis asoma. Los recursos presupuestales son insuficientes para brindar con decoro, los servicios públicos municipales a que están obligados. Los problemas los han rebasado. Ya han quemado su primera carta y no basta con seguir culpando al que ya se fue. Es tiempo de indagar el contenido del segundo sobre. Al abrirlo, se lee una escueta sugerencia: "culpa a la globalización, a un 'mal puesto' de tus enemigos políticos, a la caída en las participaciones federales y, de inmediato, reestructura tu equipo de trabajo. En caso de producirse otra crisis, abre el tercer sobre".

Algunos alcaldes han empezado a reorganizar su gabinete. Tarde o temprano, el resto tendrá que hacerlo. La tardanza de la mayoría es innecesaria. Luego, obligadamente acudirán al tercer sobre. Será demasiado tarde, de casi nada les servirá. Pocos serán los ciudadanos que recuerden meritoriamente a los alcaldes que concluyen su encargo, si bien les va, en 2016.

Cada uno de ellos, con raras excepciones, sufrirá la maldición de la intrascendencia política. Por la escasez de resultados que enaltezcan su gestión, estarán condenados al olvido y descrédito social. No hay tiempo que perder. Es momento de reestructurar su equipo de trabajo. Es lo único que pueden hacer.

Una vez que despidan a uno o más colaboradores, deberían ocuparse de dos proyectos que no requieren de presupuesto: mejorar la capacidad institucional de sus gobiernos y la calidad de su interlocución con los actores relevantes de la sociedad para, de esa forma, definir colectivamente un desarrollo local diferente y sostenible.

[email protected] Twitter: @E_Aviles_8a