Opinión

Los "antes" y los "después" de las reformas

Por: José Carreño Carlón

Sin euforia de la mayoría, pero también sin mayores sobresaltos de la oposición, culminará en estas horas el ciclo más trascendente de reformas en varias décadas de la historia de México. Víctima del consumismo mediático y su tiranía en otro ciclo: el de la corta vida de las noticias —incluso sobre hechos más significativos—, la votación final de la reforma mayor —la energética— podría quedar relegada a un tratamiento de rutina por los medios, o incluso a sitios informativos secundarios. Y es que, además, a este hecho le faltan, hasta hoy, los valores noticiosos del escándalo, la sorpresa o la adversidad.

En un ecosistema noticioso en que una noticia aparatosa aplasta a la siguiente, que enseguida es aplastada por la que sigue, resultaba insuperable el reto de mantener en la conversación, en el interés y en el debate públicos, por más de año y medio, la información de las reformas cuyo curso terminó saturando la agenda de medios y debates.

De allí la ingenuidad de quienes suponen que se podría atraer al menos la curiosidad del público en las impugnaciones de la oposición, si se alarga más el proceso legislativo, con la fórmula de obligar a la mayoría a no declinar sus turnos de debate. En cuanto al propósito de generar en las audiencias efectos de atención y retención de los mensajes de los actores en pugna, el debate energético no da para más, por más golpes escenográficos que se puedan idear o se puedan haber ideado en estas horas últimas horas del periodo extraordinario del Congreso.

ANTES Y DESPUÉS

En las actuales condiciones informativas, el resultado ha sido la pérdida de la más elemental perspectiva para valorar los hechos. Porque sea que se esté en contra o a favor del esquema de negociación del Pacto por México, o de unas u otras reformas, por el peso que tienen esos cambios en cada uno de los campos de la actividad personal, familiar y colectiva ahora modificados, no parece haber duda de que este cuerpo de transformaciones marcará un antes y un después en la vida nacional.

Son muchos estos "antes" y también los "después" que se podrían enlistar una vez que entren en vigor y en aplicación plena, — y que entren en acción—, todas las transformaciones que a partir de esta semana quedarán plasmadas en la ley.

Pero ya hay algunos. Por ejemplo, antes del Pacto por México, el país llevaba tres lustros de inmovilidad relativa, en la que se había anclado tras caer en la clasificación de las naciones con gobiernos de minoría. El partido dominante había perdido la mayoría en la elección de 1997 y el gobierno del presidente Peña Nieto se inauguraba en diciembre de 2012 en las mismas condiciones que sus tres últimos predecesores. Y en aquel antes, habría sido tomado por loco quien hubiera vaticinado que 20 meses después el gobierno y su mayoría de coaliciones cambiantes en el Congreso iban a sacar adelante reforma por reforma.

DE LA LEY A LA REALIDAD

Y es que el simple hecho de haber logrado cada una de esas reformas, en el periodo transcurrido, hubiera sido ya una hazaña. Pero haber logrado las diez en ese mismo lapso, en cualquier país democrático, y además desde un gobierno sin mayoría en el Congreso, puede verse —como se está viendo después en el mundo— como una proeza de la decisión y de la capacidad de negociación políticas.

Habrá que ver cuánta distancia queda entre los antes y los después al pasar de la hazaña o de la proeza de las reformas en las leyes a la prueba de las realidades. Por lo pronto, antes de diciembre de 2012, hubiera sido también tirado a loco quien hubiera previsto que después de tres meses el gobierno iba a dejar de estar en rehén de la camarilla sindical del magisterio que degradó la calidad de la educación por décadas y controló con mecanismos mafiosos la contratación y la permanencia de cientos de miles de maestros del sistema educativo nacional. Y que poco después se realizaría la primera evaluación del magisterio por un órgano independiente y riguroso. Pero ya veremos aquí otros antes y otros después.

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