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Los caminos del austericidio

Empezamos el año y, al mismo tiempo, empezamos a advertir los primeros nubarrones de un tiempo sombrío. El imparable precio del dólar --que se disparó ayer sobre los 22.50 pesos luego de la primera conferencia formal de prensa de Donald Trump, en la que reiteró que México pagará por el inefable muro y además establecerá un impuesto fronterizo a las importaciones provenientes de nuestro país--, y los efectos del gasolinazo, dan cuenta de una incontrolable escalada alcista de precios con efectos devastadores para la economía popular.
Corremos el riesgo de que aquella tríada siniestra de inflación-recesión-devaluación, que marcó los años 70 y 80 del siglo pasado, se repita en nuestro país. Luego del anuncio de un nuevo recorte en las previsiones de crecimiento de la economía mexicana para 2017, todo parece indicar que, si bien nos va, entraremos una vez más en una fase de estancamiento estabilizador. Son los saldos de un modelo de crecimiento que después de tres décadas de implementación, se traducen en la existencia de una gran masa empobrecida y cada vez más airada en sus protestas.
Las medidas anunciadas por el presidente Peña Nieto para la protección de la economía familiar han sido desairadas por una parte importante del sector empresarial, reiterando la ruptura del viejo consenso en que se fincó la estabilidad política y la paz social durante décadas. El disenso mostrado por los empresarios puede terminar por romper los precarios equilibrios que dominan la lógica de reproducción del sistema político y del sistema económico-financiero, y generar un entorno de turbulencias difíciles de controlar.
Frente a este ominoso panorama no parece haber alternativas viables, y eso es más peligroso. Los partidos de oposición, de manera señalada PAN y Morena, habida cuenta de que el PRD es cada vez más realmente inexistente, sólo buscan arrimar el ascua a su sardina para sacar ganancias del río revuelto en que tiende a convertirse el país. Pareciera que hay un empeño no de participar en un juego de suma positiva, ni siquiera de suma cero, sino de suma negativa, es decir, un juego en el que todo mundo pierda.
Algunos adversarios del régimen parecieran decir “entre peor, mejor”. Y ya sabemos, por experiencias propias y ajenas, los resultados de esta estrategia. Y en esta perspectiva, todos los actores buscan adelantar los tiempos políticos. Tiempos políticos en los que el discurso y la práctica de los actores políticos –institucionales y extrainstitucionales—tenderá a endurecerse haciendo cada vez más difícil la búsqueda de espacios para la construcción de convergencias estratégicas.
Dadas estas circunstancias, la pelota está en la cancha de los actores institucionales. Hay factores exógenos que, ciertamente, no dependen de la voluntad política de quienes ejercen el poder, pero hay factores endógenos cuyo manejo y responsabilidad dependen del talento y sensibilidad con que actúen. En el caso del gasolinazo, una medida auténticamente draconiana, hay propuestas, entre otras las de volver al sistema de aumentos graduales, sin que ello signifique desdoro de la acción gubernamental.
El camino que hasta hoy se ha seguido no es el único. Hay más caminos a explorar. Ahí está la responsabilidad principal.