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Los del mismo partido

POLIARQUÍA

Los partidos fueron creados para procesar intereses comunes. También particulares. Aspiraciones de poder.

Finalmente son agrupaciones de seres humanos y eso lo dice todo. No hay nada en un partido político que deba extrañarnos. También los partidos se rigen por la condición humana.

¿Qué le tiene que quedar claro a un militante de un partido político? Aquí algunas ideas.

En los partidos se hace política. Quien decide entrar a un partido político como militante, debe saber que no es precisamente un club de amigos. Que es un espacio para practicar la política. La de verdad. Ahí encontrará sí, amigos que pueden serlo, amigos que nunca lo serán y amigos de apariencia que suelen ser los mejores enemigos. Nada que no suceda en nuestras vidas.

Los partidos tienen dueños. La historia de los partidos es la historia de sus élites: es decir, de sus dueños. Se apropian de los espacios de influencia casi de una vez y para siempre. A través de familias o de grupos. En cada partido los apellidos mandan. Influyen y excluyen. Hay quienes piensan que sólo por su inteligencia o popularidad pueden ir a una convención a ganar una candidatura. Pero no: los partidos son maquinarias de intereses y de grupos.

En un partido nunca se debe jugar solo. El poder de los partidos se reparte entre sus grupos internos de acuerdo al resultado de sus guerras. De sus buenos o malos momentos políticos. El militante solitario solo verá pasar una y otra vez las candidaturas y los cargos. Hay militantes que quieren renunciar a sus grupos cuando han caído en desgracia o en pausas políticas. Intentan convencer que no pertenecieron ni pertenecen ya. Pero no. Ahí están los enemigos internos para evitar que se olvide. Pertenecer a un grupo da glorias pero también purgatorios.

En un partido están los verdaderos adversarios. Sepa que las grandes controversias y guerras soterradas están más adentro que fuera. De sus adversarios de otros partidos usted sabe que esperar. Cómo afrontarlos. No le traicionarán pues no son sus amigos y no tienen su misma ideología. Por eso debe voltear hacia dentro de su partido. Ahí es donde está la verdadera competencia. Y los sinsabores. No debe olvidar que cada compañero de partido, es también un aspirante a la candidatura o al cargo que usted busca.

Quien entra en un partido debe tener temple. A usted siempre se le criticará acremente por el solo hecho de pertenecer a un partido político. El que sea. Las democracias cuando son maduras o están en proceso de serlo, ya no dividen la política en partidos buenos y partidos malos. Todos comparten las mismas críticas y los mismos dardos. Sepa defender a su partido. Es un ejercicio indispensable para la democracia. No ande a medias tintas. Muy mal se ve un militante que siéndolo, se avergüence de pertenecer a su partido.

En los partidos existen los intereses más encontrados. No le extrañe que en su partido haya gente que quiere renovar y quien quiere que todo siga igual. Que haya ecologistas y depredadores. Misóginos y quienes defienden sinceramente los derechos de la mujer. Creyentes y ateos. A pesar de que se comulga con una misma ideología, hay visiones distintas del mundo y de la vida.

En un partido nadie cede un cargo. En los partidos hay una competencia por los cargos que no se detiene. Nadie deja de luchar por más. Nadie cede el espacio a otro que no ha sido. Hasta el más modesto militante aspira alguna vez a ser tomado en cuenta.

Los partidos son indispensables en una democracia. La democracia se inventó hace más de dos mil años. Desapareció por más de mil años y apareció en la práctica en el siglo XIX. Su fracaso provocó la Segunda Guerra Mundial. El grado de esplendor de la democracia se ha vivido con los partidos políticos. Aunque no lo crea: sin partidos políticos no hay democracia de veras. Cuando menos hasta hoy que escribo esto.

[email protected] twitter: @guadalupe2003