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Opinión

Los desatinos del autocorrector

Por: Marisa Pineda

Inicialmente este espacio estaba dedicado a un tema enteramente distinto a aquel con el que terminaron estas líneas. La causa: el mugroso autocorrector del teléfono móvil que, me atrevo a apostar, a muchos nos ha hecho pasar más de una vergüenza a la hora de enviar un mensaje. Así sea un “lamparín” o el más sofisticado y caro “aifon” (en el que se gastó sus ahorros y por eso ahora lo tiene con recargas de 20 pesos o preguntando la clave del “uai fai” en todo lugar al que vaya) enviar un mensaje de texto se ha convertido en un salto al vacío causa del autocorrector. Este es el momento en que los cibernéticos profesionales y aficionados dicen “pues desactívale el autocorrector”, totalmente de acuerdo; solo que hay quienes no somos tan rápidos a la hora de darle a la pantallita o somos semianalfabetas digitales; es decir sabemos lo elemental, que en estos tiempos equivale a saber enviar mensajes por “guatsap”, mandar fotos, videos graciosos o morbosos, reenviar cadenas a 10 contactos en menos de media hora para que se cumpla la petición, y estar al pendiente de quién sube qué al “feis”, quién lo comparte, quién le da “laik”, quién lo comenta y qué comenta. Si además de eso maneja cuenta en “tuiter” o Instagram, estamos hablando de que Usted ya está en otro nivel. Sea por la razón que sea, ya porque le conviene o porque no sabe cómo desactivarlo el punto es que los teléfonos móviles traen el mentado autocorrector, ese que tiene vida propia y al que le vale lo que Usted escriba porque lo acomodará a su real, arbitrario y cibernético gusto. Si Usted pone Cosalá, para referirse al municipio, casi de por seguro que a la hora de enviar el mensaje aparecerá “Cósala” o “cosa más”. Si escribe Bárbara, lo pondrá con minúsculas o aparecerá “básicamente”, nada que ver. Peor tantito es cuando trata de escribir Lupita y lo convierte en “la ….” O en Lup..ta. Por más que el sistema de mensajería instantánea de WhatsApp haya incluido la opción de borrar mensaje, parece que uno tiene contrato para que cuando meta la pata el destinatario vea de inmediato el error, palabra esa última que no pocas veces el autocorrector transforma en “horror” que en esto de las metidas de pata se lo damos por bueno.

Además de cambiar las palabras, el autocorrector se autodetermina a eliminar aquello que vaya Usted a saber por qué tecnológicas mañas considera de sobra. Prueba de ello es este texto. Inicialmente trataría de un tema enteramente distinto a lo que está haciendo el favor de leer, pero al tratar de expresar una disculpa al editor por la demora en el envío Don Autocorrector se tomó la atribución de eliminar la palabra “favor” a “por favor”, lo cual redujo la disculpa a una perorata sin ningún sentido. Si de por sí cara a cara la comunicación no está exenta de malentendidos, ahora imagine la de disgustos y episodios chuscos producto de las fallas en la escritura ya sea porque uno pasa de panzazo un examen de ortografía o porque el autocorrector escribió cajón con ge.
Gracias por leer estas líneas. Comentarios y etcétera por favor en adosdetres@hotmail.com. En Twitter en @MarisaPineda. Que tenga una semana correctísima.