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Los días tristes de El Factor V

No queda mucho de la imagen invencible de Luis Videgaray, sobre todo si se la compara con la que tenía al comenzar el gobierno del presidente Peña Nieto. El Factor V, como lo llamamos aquí en noviembre de 2012, atraviesa una mala racha.

El primer cuarto de la administración peñista se extingue y el secretario de Hacienda Videgaray no encuentra qué presumir en crecimiento económico, empleo, mercado interno, expectativas. Sus adversarios aguardan con excitación el 23 de mayo, cuando seguramente salga a despedirse del pronóstico de crecimiento de 3.9 por ciento en 2014 para fijarlo en alrededor de tres, tal cual calcularon ya consultoras nacionales e internacionales. Un tres por ciento que, dicen los anti-Videgaray, resbalará a dos en el segundo semestre.

Y como desde finales de los noventas los otros indicadores macro dejaron de ser noticia (inflación, deuda, déficit incluso), y los resultados de las encuestas optimismo-pesimismo sobre la marcha de la economía son malos, poco hay que celebrar en Hacienda. Y quizá poco haya para los próximos seis, nueve, 12, 18, 24 meses.

En esta circunstancia, con esta perspectiva, es donde se verá el tamaño real del Factor V, tantas veces materia gris, organizador, operador, negociador, embajador, vocero del gobierno del presidente Peña Nieto, donde varios se frotan las manos en espera de su ruina.

Creo que, pese a los pobres indicadores, se van a quedar con las ganas. Una exitosa aprobación de las leyes secundarias de la reforma energética le daría oxígeno y nuevo impulso. Lo demás dependería de su talento.

Y, ni hablar, de la suerte. Esto es pura economía.