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Los enredos de las redes sociales

POLIARQUÍA

Hay una generación de nuevas realidades. Fenómenos que han cambiado los hábitos y las costumbres de nuestra vida cotidiana. Que nos han impuesto nuevas formas de comunicación y entendimiento. Uno de ellos, lo que hemos dado en llamar redes sociales. Esa nueva plaza pública de información, reclamo, esparcimiento y ocio.

En buena parte, las tecnologías de la información nos han vuelto diferentes: seres más atentos de nuestro entorno, pero también a la vez seres más solitarios. Conversamos con nuestros celulares en lugar de nuestros semejantes. Las pantallas de las computadoras suelen sustituir nuestras convivencias y conversaciones. Nos acercan a los que están lejos, pero nos alejan de los que tenemos cerca.

Las bondades de las redes no están a discusión. Podemos entrar a una conferencia impartida por un académico a miles de kilómetros de distancia. Hacer un trámite que nos ahorra dinero, tiempo y distancia. Comunicarnos en vivo al otro lado del mundo con una persona. En fin.

Pero también la tecnología tiene su cara oscura. No alcanzamos a ver todavía las consecuencias que han traído las nuevas tecnologías, y en particular sus hijas predilectas: las redes sociales. Les comparto algunas reflexiones sobre ello.

Las redes como espacios de enjuiciamiento. Los ciudadanos convertidos en jueces sueles ser muy severos. A veces injustos. Una declaración errónea, una frase escrita con faltas de ortografía, un gesto involuntario pero imprudente, en fin un asunto relevante, desata la furia de los públicos de las redes. Ahí no vale el derecho de réplica o la explicación del acusado. Los clientes favoritos son las personalidades públicas: políticos, artistas, deportistas. Y otros más.

Las redes como espacios de discriminación. Hay un dicho popular: todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros. Alude a que finalmente en la realidad, se impone la desigualdad. En las redes encontramos también un lenguaje ofensivo, burlón y discriminatorio. No se tolera fácilmente a quien piensa diferente. A quien viste o se conduce diferente. Existe discriminación para las personas con obesidad o para quienes no encuadran en los clichés de estética o belleza que impone el mundo de las modas.

Las redes como difusores de violencia. Hay una colección dantesca de videos de violencia en las redes. Peleas entre niños que son grabados por los propios niños. Miles de escenas en donde se golpea con saña al semejante. Es la difusión de la crueldad y la deshumanización. El culto al odio. La apología de los sótanos de la condición humana. El morbo alimentado por la rabia y el salvajismo del que puede ser capaz el ser humano.

Las redes como espacios de burla. Ridiculizar al semejante es uno de los pasatiempos de las redes. Hacerlo sentir inferior. Sin capacidad. Sin talento. En las redes el que se equivoca tiene que pagar por ello. Ahí está la cantante o el deportista que escribió algo incorrecto o de manera incorrecta. Ahí está la hija del entrenador de la selección mexicana. La respuesta al error o a la imprudencia es la burla. La grosería. La frase violenta. El sarcasmo llevado al linchamiento. El despreció al que se equivocó.

Las redes como espacios de injuria. Dice el diccionario que la injuria es Insulto u ofensa contra la dignidad o el honor de una persona. Es una acusación injusta. En las redes se puede decir lo que sea y en contra de quien sea. Finalmente en nuestro país la libertad de expresión alcanza para ofender de palabra con toda impunidad. La injuria suele encontrar en las redes sociales techo y cobijo como en ningún otro espacio.

Las redes y el culto al anonimato. Desde la oscuridad del anonimato se puede lanzar los dardos que se quiera. Una cuenta falsa, una cuenta sin nombre o con nombre disfrazado da cobijo al anonimato cobarde que ofende, injuria y aterroriza. Eso también son las redes.

[email protected] twitter: @guadalupe2003