Opinión

Los hechos son los hechos

PISTA DE DESPEGUE
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Por: Agustín Galván

Los hechos son los hechos, eso es lo que le responde el soldado Paul Dawson ( John-Paul Macleod) al doctor Vincent McCarthy ( Toby Stephens) como justificación por haber fallado la prueba a la que lo han sometido: la también doctora Lucy ( Siwan Morris) escondió una pelota de tenis en el cubo A. El doctor le ordenó salir y luego cambió la pelota al cubo B mientras le decía a Dawson que lo ayudara a engañarla.

Lucy regresa y le pregunta a Dawson sobre el paradero de la pelota. El soldado le responde que en el cubo B.

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¿Por qué? le pregunta un frustrado McCarthy. Los hechos son los hechos, le responde un aparentemente atónito Dawson.

Y tiene razón: los hechos son los hechos.

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Hecho primero: estamos en el futuro. Dawson es el nuevo conejillo de indias de una investigación que se ha llevado los mejores años de McCarthy: desarrollar una máquina que pueda emular al ser humano.

Su gran aporte a la fecha es el hardware de la tal máquina. Le falta el software. Aunque, bueno, debemos decirlo ya: Dawson no es Dawson. El soldado murió en batalla y lo que tenemos frente a nosotros es una réplica (llámenlos meca o replicante si lo desea, que en la película solo se llamarán máquinas). Antes de morir, su cerebro fue almacenado en una memoria que ahora comanda a ese cuerpo artificial.

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Hecho segundo: el experimento ha vuelto a fallar, pero ahora con mortales resultados para uno de los doctores.

Hecho tercero: por años, las naciones poderosas de occidente han estado en guerra con China, y están perdiendo. Su única esperanza es lograr al soldado artificial perfecto. Uno que no solo sea un mero drone o cyborg que pueda ser comandado a distancia o programado para realizar algún ataque, sino que, como dice Thompson (Dennis Lawson), jefe del complejo en el que trabaja McCarthy: pueda desarrollar las tres fases de la guerra: la batalla, la negociación y la paz.

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Luego de recuperarse del ataque, McCarthy sigue buscando al programa de inteligencia artificial perfecto para sus creaciones. Prueba uno, dos, tres. Ninguno lo complace. Le falta la respuesta sensitiva.

Hasta que encuentra a la doctora Ava (Caity Lotz), cuyo programa sí responde sensitivamente a todo lo que se le pregunta. McCarthy le ofrece el puesto y Ava acepta. El problema son los intereses encontrados de ambos: McCarthy tiene a una hija enferma, Mary (Jade Croot), y pretende que sus descubrimientos puedan ayudarla. Ava, según parece, trae su propia agenda.