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Los maistros sí trabajan

Pobres albañiles. No sólo no los identificamos como los forjadores de la civilización, sino que les atribuimos la paternidad de la irresponsabilidad. Ellos erigieron las pirámides en Egipto, el Taj Mahal en India, el Empire State en Nueva York y la Torre Tanarah en San Pedro.

No hay una sola edificación en el planeta, desde que el hombre apareció, que no conserve la huella de albañiles. La contribución de este gremio al desarrollo humano es gigantesca, tanto o más que lo que han construido.

Sin embargo, cada vez que queremos definir abulia, abandono traicionero e inutilidad recurrimos a estos esforzados y ameritados trabajadores que, "a las meras 12 (su hora legal para comer), avientan la cuchara y se bajan del andamio, aunque la pared esté a medio enjarrar".

Todas las acciones irresponsables de las demás denominaciones profesionales se las achacamos al pernicioso influjo de los trabajadores de la construcción.

"Se fue como albañil", decimos cuando la sirvienta, la enfermera, el profesor de primaria, el universitario, el abogado, el diputado o el doctor al que se le murió la operada en la plancha se desaparecen sin decir ¡agua va! y nos dejan la chamba o el muerto tirados en San Lunes o en cualquier otro día, pues los irresponsables no tienen día aborrecido.

No es sarcasmo lo del profesor o el diputado que avientan la cuchara, que es el único instrumento profesional que conocen, aunque no lo saben manejar, para irse de pinta o que, simplemente, no se presentan jamás a trabajar, como el montón enorme de aviadores, casi 40 mil, que la SEP encontró (es un decir) en las escuelas básicas mexicanas y que, seguramente, la misma SEP se ocupará de seguir ocultando.

Le garantizo que todos esos ladrones que nos cobran sin agarrar la cuchara, como malamente diríamos usted y yo, no son albañiles (¡ya quisieran los mugrosos saber construir una pirámide!).

Tampoco son albañiles, pero se portan como la gente supone que se portan los de ese gremio, los legisladores locales de todo el País y los federales (ídem) que desde hoy aventarán la chamba, que no la cuchara, para celebrar durante la semana próxima fiestas religiosas en las que tampoco creen ni mucho menos respetan.

Después, "merecidamente", se aventarán otra semana de asueto para descansar de su agobiante visita a los siete templos.

Nuevo León está colmado de chamba a medias, eso sin hablar de la inseguridad pública que esta semana hizo viajar a Reynosa al Gobernador Medina con más de 200 guaruras (la mitad del viaje en Nuevo León y la otra mitad en Tamaulipas).

No obstante, las paredes se quedarán medio enjarradas, en el mejor caso, y con el cemento desprendiéndose, pues la burocracia, más bien burrocracia, la de aquí y la de Tamaulipas, aventará la cuchara, diríamos malamente, durante dos semanas para irse a rezarle a Judas Iscariote.

Igual sucederá en los municipios, en las escuelas primarias y secundarias, donde la productividad académica no tiene la menor importancia y, desde luego, en la Universidad.

El colmo, por lo pronto, pues todo tiempo futuro será peor, lo marca la directora de la Prepa 7 de la UANL, María Guadalupe Idolina Leal Lozano, quien el martes aventó las cucharas de todos sus profes y profas, secres, mozos y demás ejecutivos universitarios.

El motivo, perfectamente justificado y avalado por la presencia del rector de la UANL, Jesús Ancer, y el alcalde de San Nicolás, Pedro Salgado (el albañil de las luminarias aventadas como cucharas), era que la directora tomaba posesión de un segundo periodo como "directora", en el que tampoco trabajará.

Eso sí, el Rector Ancer, aunque testigo y actor de la cuchareada irresponsable de su subordinada, no la despedirá ni la denunciará al Consejo ni a la Junta de Gobierno, organismos tan honorables como inútiles, porque Rector y Rectoría podrían ser cuchareados.

No volvamos a identificar albañil con irresponsabilidad. Los pobres son los únicos responsables que quedan.

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