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Los niños náufragos del neoliberalismo

Las principales causas de la migración son la pobreza y la violencia. Por eso erigir muros o dar más armas a las policías fronterizas es atacar el síntoma, no la enfermedad, que sólo se cura mejorando las condiciones socioeconómicas y de seguridad en las comunidades expulsoras.

Lo he dicho muchas veces: sorprende que los campeones de la economía de mercado no entiendan que el flujo migratorio va a continuar mientras de un lado exista demanda de mano de obra (y de drogas) y del otro lado oferta, y que el dinero que gastan ineficientemente en infraestructura divisoria y tecnología represiva se convertiría en una inversión eficaz si se destinara a proyectos productivos en las regiones marginadas, a fin de que sus habitantes permanezcan en ellas y no tengan que irse a los países ricos.

Lo digo con estos argumentos porque en el capitalismo salvaje que hoy se reedita la única lógica válida es la del egoísmo individual o nacional. Hace años, cuando se hablaba de un TLCAN "plus", propuse que nuestro país negociara algo parecido a los fondos estructurales en la Unión Europea (el mecanismo mediante el cual las naciones más ricas del bloque destinan recursos para que las más pobres se desarrollen) y se dijo que eso era utópico. ¿A cambio de qué iban a aceptarlo los americanos?; ni modo que cediéramos el petróleo. Yo creo que no era necesario ceder nada, que lo que había que hacer era persuadir a los Estados Unidos de la obvia conveniencia para ellos mismos de contrarrestar la asimetría. Bastaba un análisis de costo-beneficio.

Pues bien, resulta que a fin de cuentas se cedió el petróleo y nos quedamos sin Juan y sin las gallinas. Nuestra tecnocracia, siempre más papista que el Papa, se tragó la especie de que las transnacionales petroleras nos hacen un favor invirtiendo aquí en un negocio que no les interesa mucho. Ya en los años 80 los precursores de la derechización le habían vendido la peregrina idea de que, aunque ellos siguieran subsidiando su agro y regularan la propiedad en sus sectores estratégicos bajo el mismo "nacionalismo anacrónico" que nos aconsejaban dejar atrás, nosotros debíamos hacer todo unilateralmente: eliminar subsidios al campo, facilitar la extranjerización de nuestra economía y, ahora, abrir las puertas de par en par a la inversión extranjera en el ámbito energético. La redención sólo podía llegarnos del cielo primermundista. Bueno, pues para allá vamos otra vez. Einstein diría que encarnamos la definición de la locura.

La creciente desigualdad que provoca la migración es producto del neoliberalismo. Y sin embargo, en plena crisis humanitaria por los niños y niñas centroamericanos y mexicanos que migran al norte, en Estados Unidos se vuelve a cancelar la reforma migratoria y surgen voces que exigen la repatriación inmediata de los menores a sus lugares de origen, donde falta el trabajo y sobra la violencia, a sabiendas de que se verán obligados a repetir la travesía. Los sentimientos xenófobos y racistas ya llevaron a un pueblo a bloquear autobuses con pequeños que necesitan un albergue temporal, y a tres estados fronterizos a pedir la intervención de la Guardia Nacional. Es vergonzoso. La globalización da más derechos al dinero que a las personas: al capital debe franqueársele el paso en todas partes, pero a la gente hay que detenerla. Para eso sí son buenas las fronteras.

El problema mayor se ha trasladado a Centroamérica, pero la solución está en donde mismo. Hay que invertir en el desarrollo también al sur del Suchiate. Se trata de un asunto que nos atañe a todos los que vivimos entre Canadá y Nicaragua. Los gobiernos empiezan a actuar con acciones de corto plazo para atender a los infantes, pero la decisión de fondo está pendiente. ¿Cómo se va a contrarrestar la pobreza y la violencia que mantiene a la deriva a esas criaturas? ¿Cómo se va a revertir la tragedia de los niños náufragos del neoliberalismo?

Twitter: @abasave