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Los nuevos santos de la globalidad

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Las dos canonizaciones que celebró con bombo y platillo la Iglesia Católica el domingo 27 de abril tienen gran relevancia en el orden religioso, pero también llevan un contenido social y político vinculado a la globalidad de nuestros tiempos.

Nunca antes, por ejemplo, se había elevado a la santidad a dos papas de manera simultánea. A esto se suma el hecho inédito de que en la ceremonia formal se haya contado con la presencia de dos pontífices: Francisco –el papa actual– y Benedicto XVI –papa emérito–, con lo que la canonización conjuntó a cuatro de las más grandes personalidades de la Iglesia católica en épocas recientes; es decir, cuatro papas –dos vivos y dos convertidos en santos– en una misma ceremonia.

Toda esta difusión sobre los ritos católicos y sus protagonistas probablemente incidirá tanto en el reforzamiento de la jerarquía eclesiástica como en la revitalización del catolicismo en el mundo.

Un dato sobre el que se ha hecho énfasis es que Karol Wojtyla tuvo el proceso de canonización más rápido que cualquier pontífice de la historia moderna: apenas nueve años después de su muerte, ocurrida en abril de 2005. En comparación, Angelo Giuseppe Roncalli –nombre secular y muy poco conocido del papa Juan XXIII– tuvo que esperar más de 40 años luego de su muerte, ocurrida en 1963.

Se ha dicho que uno y otro de los ahora santos muestran dos caras opuestas de la Iglesia católica. De Juan XXIII se destaca su vocación reformadora de la iglesia, lo que permitió que en su corto papado de menos de cinco años promoviera encíclicas transformadoras y convocara al Concilio Vaticano II, que cambió el rostro del catolicismo.

En cuanto a Juan Pablo II, en su largo pontificado de 26 años (el más prolongado del siglo XX) no sólo fue un férreo combatiente del comunismo y tuvo una presencia activa y continua en las coordenadas del poder mundial, sino que también acercó a la iglesia romana a todos los confines del planeta. No en vano se le apodó el papa viajero: realizó más de 100 viajes fuera de Italia y hasta se cuenta como anécdota que rebasó el récord del millón de kilómetros recorridos.

El proceso de canonización de ambos pontífices no estuvo exento de algunos cuestionamientos, en especial en lo que se refiere al papa polaco, criticado por su posición tibia –algunos la califican de solapadora o encubridora– respecto de la pederastia de un número considerable de sacerdotes, y por su cautela para enfrentar las corruptelas del aparato financiero administrativo del Vaticano.

En todo caso, con la santidad de estos dos jerarcas la Iglesia católica renueva su vigencia, continuidad e influencia. Por otra parte, en el ámbito sociopolítico redefine su capacidad de cambio, aunque éste se muestre claramente acotado, además de que permite reactivar el proselitismo para allegarse nuevos creyentes, sobre todo en Latinoamérica y África, mucho más allá de la esfera de influencia de los papas Italianos que encabezaran esa iglesia durante cientos de años.

Otra consecuencia que podría catalogarse como positiva es que las recientes canonizaciones podrían contribuir a mantener y, quizá, a engrosar la grey católica, que ha disminuido frente a la dinámica y modernidad de otras religiones o iglesias, tanto cristianas como de otras raíces, como el budismo.

Un capítulo aparte se escribirá en el caso de México, que sigue siendo un país con mayoría católica, donde Juan Pablo II fue querido y venerado en vida –como si ya desde entonces tuviera la jerarquía de santo– y ahora lo será más, una vez canonizado. Nueva oportunidad para alentar tanto las vocaciones sacerdotales como la acción pastoral de la juventud o lograr una mayor influencia no sólo en el campo espiritual sino también en el terrenal, con mayor presencia e injerencia en las cuestiones políticas y de gobierno de la sociedad mexicana.

Por cierto, hablando de política y religión, no podemos soslayar el hecho de que en la grandiosa ceremonia religiosa de canonización estuvo presente señora Angélica Rivera, esposa del presidente de México, lo que de seguro confirma acercamientos y pactos que ya conoceremos.

Hemos recibido, pues, dos mensajes de la Iglesia Católica, que apuntan tanto a la renovación como a la apertura y que ojalá hagan revivir y afianzarse a los que se supone son los principios centrales de esa religión, como la justicia, la tolerancia y la paz.

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