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Los recuerdos del Ángel Flores

MI PUNTO DE VISTA

No debo negar que se me hiciera un nudo en la garganta y que estuviera a punto de derramar una lágrima, cuando cayó el último de la temporada.

No, no crean que fue por la eliminación de los Tomateros de Culiacán, pues su destino ya estaba decidido de esa forma por como cerraron la campaña (siete derrotas al hilo). Fue por otra causa, una que me llegó hasta el fondo del alma y del corazón: saber que ya no volvería más a ese estadio.

Mientras cientos de aficionados invadieron el campo para llevar tierra y césped de recuerdo a sus hogares, yo me puse a recordar muchas cosas que sucedieron y que me tocó vivir en este inmueble.

Al Ángel Flores acudí por primera vez en mi vida cuando tenía 11 años. En aquel tiempo esperaba a que mi padre (qepd) se durmiera, para irme al juego y pagar 50 centavos para que me dejaran subir al techo de unos pequeños comercios que continúan atrás de la barda grande por el jardín derecho.

Me sentía, junto con otros niños, en palco premier y esperando a que en la séptima entrada dejaran las puertas abiertas de par en par. Lo convertí en un hábito cada vez que los Tomateros jugaban en casa, sin medir el peligro que para mí representaba transitar –a esa edad. Entre 10 y 11 de la noche.

En mi "palco" de "bleacher" me tocó ver cruzar por el aire aquellos bombazos de Clarence Jones y otros garrotazos del mismo calibre de peloteros que hicieron época.

Allí, sentado sobre una cubeta que me ayudaba a que la barda no fuera obstáculo para presenciar los encuentros, muchas veces me dije que algún día estaría en el estadio pero en otras condiciones y asumiendo un papel dentro del deporte rey.

La idea de escribir y convertirme en un periodista nació precisamente atrás de la barda.

Pocos años después, en 1975 cuando ingresé a EL DEBATE invitado por el profesor "Chuchuy" Acosta y el apoyo de José Ángel Sánchez, subdirector del periódico en ese tiempo, mi sueño se convirtió en realidad. Ya no fui más al "bleacher", sino a la zona de prensa, donde conoció a amigos como Jorge Luis Téllez, Heriberto Millán y José Roberto Riveros, tres brillantes plumas deportivas de quienes mucho aprendí leyendo sus crónicas, las que muchas veces intenté imitar.

Durante el receso de la Mex-Pac, el Ángel Flores –cuando era del pueblo y para el pueblo- seguíamos gozando de este espectáculo pero en un circuito semi-profesional: la Liga Intersemanal, con poderosos equipos como Cervecería Baldo, Deportes El Siglo, Salineros de Malacatayá, Filarmónicos, etcétera. Era una delicia cubrir dicha Liga.

Anotación. En ese estadio tuve la oportunidad de narrar juegos para Televisión. Fue un experimento que hizo Canal 3 antes de meterse de lleno a la trasmisión de partidos. Recuerdo que fue en una serie contra Mexicali, con el "Negro" Millán compartiendo micrófono.

También fue allí en el estadio, cuando una tarde el maestro Agustín D. Valdez me dijo –con toda modestia- que yo tenía muchos conocimientos en este deporte y que quería darme la oportunidad de narrar para la radio. Confieso que me temblaron las piernas la primera vez, por estar al lado de un "monstruo" del micrófono. Un año después se incorporaría a nosotros José Carlos Campos, el gran "maese".

Y allí en el Ángel Flores, una tarde me pidió el gerente guinda, Sebastián Sandoval (1987), que le ayudara como anotador oficial debido a que a don Ernesto Melgar –que relevó al "Perico" Aguilar- se le dificultaba realizar esa tarea ya que muchas veces no alcanzaba el "burro" (tren) para trasladarse a Costa Rica.

Allí nació otra responsabilidad que hasta la fecha conservo, y que ahora le he inculcado a dos de mis hijos.

¡Adiós estadio! ¿Te digo una cosa?, sí lloré, pero no quise hacerlo en tu interior.

Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo Él sabe si podré hacerlo de nuevo.