Opinión

Los últimos dulces suelen ser los más exquisitos

Por: Rosario Oropeza

La vida es como aquellos dulces a los que llamábamos suspiros, apenas los empiezas a saborear,
y se desvanecen.

Este pensamiento es de la inspiración del brasileño Mário de Andarde, ensayista y musicólogo,
se llama “Mi alma tiene prisa”, y va con nuestra edad, a la de quienes ya estamos de medio día pa’
abajo, en el ocaso cercano, o en el último tramo del camino:

“Conté mis años, y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que
viví hasta ahora, me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces, los primeros los
comió con agrado, pero cuando le quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente”.

“Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten normas, estatutos y
reglamentos, a sabiendas que no se va a llegar a nada, tampoco para soportar a personas
absurdas, que a pesar de su edad cronológica, no han crecido”.

“Quiero la esencia, mi alma tiene prisa, con pocos dulces en el paquete, quiero vivir al lado de
gente humana, muy humana que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos,
que no se considere electa antes del triunfo”.

“Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas, a quien los golpes
duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma, pretendo no desperdiciar
parte alguna de los dulces que me quedan.. Serán más exquisitos que los que hasta ahora he
comido, mi meta es llegar al final, satisfecho y en paz con mis seres queridos, y con mi conciencia”.

“Tenemos dos vidas, y la segunda comienza cuando te das cuenta, que solo tienes una”.