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Opinión

El 60-40 en el gabinete de Rubén Rocha Moya y la epifanía de 2012

EL ANCLA

Por Luis Enrique Ramírez

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El 2 de octubre no se olvida de la igualdad sustantiva en México fue en 2012 y comenzó en Culiacán, con una intrépida operación política orquestada, exclusivamente, por mujeres sinaloenses. 

Aquel día, unas cuantas figuras femeninas en posiciones de poder se arriesgaron a dar un salto cualitativo, por encima del statu quo y de presiones hasta de sus familiares más cercanos, puesto que en su mayoría eran hijas, esposas o al menos ahijadas políticas de los hombres que por décadas mantuvieron el control de la entidad. 

Ellas “se brincaron las trancas” y, en un hecho insólito, lograron la aprobación de una reforma a la Ley Electoral del Estado que obligó a los partidos a asignar a mujeres el 40 por ciento de las candidaturas a diputaciones locales. Iban por el 50 por ciento, pero aquel día, al final de una sesión maratónica de 21 horas que inició la mañana anterior, aprendimos que en política se negocia en la medida de lo posible. 

También, que la igualdad se logra escalón por escalón. Aquel 60-40 fue tan valioso, que un año después, en octubre de 2013, el Congreso de la Unión aprobó una iniciativa para asegurar a las mujeres, en todo el país, el 50 por ciento de las candidaturas a presidencias municipales, regidurías, senadurías, diputaciones federales y diputaciones locales. Ello, luego de ver que lo ocurrido en Sinaloa funcionó.

¿Cómo se logró aquel histórico 60-40? Con una estrategia subrepticia entre la presidenta del Organismo Estatal de Mujeres Priistas (Oempri), María Lorena Pérez Olivas, y la presidenta de la Mesa Directiva de la 60 Legislatura, Rosa Elena Millán Bueno. Las priistas organizadas presentaron, a través de la diputada Irma Moreno Ovalles, la iniciativa que intentó ser bloqueada por hombres de todos los partidos en el Congreso y fuera de él, con una excepción: el poderoso secretario general de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros, quien simplemente “las dejó hacer”.

Sin estar en el orden del día aprobado por la Jucopo, cuyo titular, Cenovio Ruiz, estaba más ocupado por su proyecto para la alcaldía de Culiacán que en otra cosa, Rosa Elena aprovechó sus atribuciones de presidenta para incluir el tema como primer punto a discutir, fast-track. 

El salón de plenos ardió (figurativamente), porque todas las presiones masculinas fueron acalladas por el ejército de mujeres priistas que llevó Lorena Pérez para pegar de gritos (esto sí, literal), ante cualquier alegato machista en tribuna, así viniera de sus propios compañeros de partido. Rosa Elena, muy en su papel, hacía enérgicos llamados al orden mientras, por mensaje de texto, le decía a Lorena: “No me hagan caso, ¡ustedes síganle!”.

Desde CDMX, las sinaloenses más cercanas al presidente Enrique Peña Nieto ejercían la contrapresión a los más elevados niveles para apoyar a sus paisanas y lograr que los liderazgos varoniles locales le bajaran a su resistencia.

Al final, los varones sintieron que al menos conservaron mayoría, el 60 por ciento, sin imaginar lo que esto desataría hasta llegar al punto actual, donde la 64 Legislatura está compuesta por 23 diputadas y 17 diputados: el 57.5 por ciento de las curules son ocupadas por mujeres.

El gran pendiente son las posiciones de primer nivel en el Ejecutivo estatal y en los municipales. 

Ayer, con el anuncio de 6 mujeres y 7 hombres en las 13 secretarías de su gabinete, el gobernador electo Rubén Rocha Moya dio el primer paso: el 60-40. 

Resta por hacer, pero el momento es de bienaventuranza para la igualdad: existirá, desde el lunes, una Secretaría de la Mujer encabezada por la mejor figura imaginable: la doctora María Teresa Guerra Ochoa. Enhorabuena, mujeres sinaloenses.

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