Opinión

El momento de Rocha... y el de Imelda: la unidad morenista

EL ANCLA

Por  Luis Enrique Ramírez

Comprensible la grata impresión que genera la reacción de Imelda Castro Castro, al felicitar a Rubén Rocha Moya por su elección como candidato de Morena a gobernador de Sinaloa, posición a la que ella también era aspirante confesa. Fácilmente podemos asegurar que, después de Rocha, era ella la de mayores posibilidades.

«Respaldo absolutamente la decisión de Morena en favor del senador Rubén Rocha Moya para encabezar los esfuerzos de organización y triunfo de la Cuarta Transformación en Sinaloa en 2021», publicó la senadora sinaloense en sus redes sociales, minutos después del anuncio del líder nacional morenista, Mario Delgado. 

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«Mucho te agradezco tu generosa expresión de apoyo, mi querida compañera senadora @imeldacastromx. Estoy seguro que juntos vamos a construir un gran proyecto para Sinaloa», le respondió Rocha, con gratitud y emoción, en su cuenta de Twitter.

La publicación de Imelda Castro se produjo un par de minutos después del anuncio oficial, cabe resaltar. Es decir, la senadora no requirió de un tiempo de resignación, no se descompuso, no rompió en llanto, porque tampoco lo acostumbra; su personalidad es tan recia como entrañable.

Es menester rendir reconocimiento a Imelda Castro, aun cuando la figura del momento (es decir, de este momento) no sea ella, sino Rubén Rocha.

Porque en el medio político figuras van y vienen. En cuarenta años de ejercicio hemos visto desfilar y desaparecer a tantas, que Dios guarde la hora. 

Por gestos como el de la senadora Castro la tarde del miércoles, es posible saber quiénes son los que llegaron para quedarse. Imelda Castro será, un día, gobernadora del estado. Por lo menos.

LA DIFERENCIA. A un servidor no le extraña ni una ápice el gesto de grandeza demostrado por Imelda Castro tras la designación de Rocha, porque la conocemos desde hace veinte años, y la hemos acompañado en algunos de los más duros capítulos de su vida política. Sabemos, pues, de que está hecha, y lo confirmó anteayer de nueva cuenta.

Tampoco es para extrañar a nadie la vulgaridad de la reacción de Luis Guillermo «Químico» Benítez, cuya rabieta lo pinta de cuerpo entero, como ya se ha dado a conocer en lo público y en lo privado. ¿Qué otra cosa pudiera esperarse de un hombre que es capaz de ejercer violencia en contra de las mujeres? Sentenciado así no por un comentario periodístico, sino por los tribunales del estado.

Sobremanera, en cambio, sorprende la actitud de Gerardo Vargas Landeros, sobre todo a la luz de aquella gallardía que demostró en 2016, cuando aceptó con dignidad y estatura política que la designación de su partido de entonces no lo favoreciera en la sección interna para la candidatura a gobernador. 

Algo nos dice que nuestro buen amigo Gerardo prepara así su estrategia para lanzarse por la gubernatura ya no por Morena, pero sí por el Partido del Trabajo. Mera suposición, es oportuno aclarar, pero le deseamos lo mejor. En fin...

UN NUEVO DERROTERO. «Quiero entrar en la muerte con los ojos abiertos», solía decir Marguerite Yourcenar, un clásico de la literatura francesa del siglo XX. 

Con esa frase, esta columna cierra el presente año, en que morir y sobrevivir se convirtieron en los dos extremos de un hilo cuyo cierre se vuelve, como nunca, impredecible.

Convencidos de que estamos en manos de Dios, no de la ciencia, mucho menos de la suerte, deseamos feliz y larga vida a todas las personas que nos leen y a sus seres queridos. Para un servidor, la única petición al creador es que nos permita ver, segundo a segundo, cada momento que su don de la vida nos depare. Incluido, sobre todo, el final. Feliz 2021, señoras y señores.

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