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Opinión

En un mundo en llamas, Sinaloa deja de figurar en el ‘top’ violento

EL ANCLA

Por Luis Enrique Ramírez

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Atípico candidato a la gubernatura en 2016, inició su campaña como un desconocido, pero en tiempo récord se ganó la simpatía de los sinaloenses, al grado de alcanzar un triunfo holgado en la elección constitucional. Ya en el cargo, Quirino Ordaz Coppel logró también romper todos los moldes hasta entonces  conocidos en jefe del Ejecutivo estatal alguno: un gobernador que a lo largo de todo su mandato se ha mantenido cercano a la gente, al ciudadano común, a los “de a pie”. 

Lo que el común de los políticos suele hacer exclusivamente cuando hay elecciones, en Quirino es práctica cotidiana desde el día que tomó posesión hasta la fecha, cuando estamos a cuatro meses y una semana del término de su periodo gubernamental.

Ha desterrado la práctica de enviar al secretario general de Gobierno u otro emisario a enfrentar los problemas sociales. Quirino siempre da la cara, por difícil que sea la circunstancia. Lo hizo tras el “culiacanazo” y desde mucho antes, en el quinto mes de su Gobierno, lo hizo ante los periodistas que, con rabia y dolor, le demandaron resolver el homicidio de Javier Valdez; el asesino acaba de ser condenado a 32 años de cárcel, en un país donde el 90 por ciento de los crímenes de comunicadores quedan impunes.

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Quirino lo volvió a hacer ayer cuando, lejos de sacarle la vuelta a la manifestación de viudas de policías, caminó hacia ellas, les explicó el error de los diputados al aprobar una reforma imposible de cumplir, y se comprometió, viéndolas a los ojos, a impulsar una ley acorde a la realidad, que les asegure su legítimo derecho a una pensión digna.

SALDO PREVIO. Por décadas, en el ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo, se volvió costumbre ver, a la cabeza, a distintos municipios de Sinaloa. 
En el índice más reciente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (con cifras oficiales de los países y de la ONU), los primeros seis lugares del planeta en inseguridad corresponden a ciudades mexicanas, pero ninguna sinaloense: Celaya, Tijuana, Ciudad Juárez, Ciudad Obregón, Irapuato y Ensenada. 

No solo eso: en este medio millar de urbes del mundo, figuran 18 de nuestro país, pero solo una de ellas, Culiacán, es de Sinaloa y ocupa un lejano lugar 25.

Por muchos años vimos a Culiacán en el número uno de el ranking mundial de violencia. Bajar hasta el 25 es señal de que aquí algo se está haciendo bien.
Ya vendrá en octubre el último informe de Gobierno de Quirino Ordaz, pero desde ahora se encamina a dejar los mejores números que en el ramo de seguridad hayan heredado los mandatarios estatales del último medio siglo.

EL MÁS QUERIDO. Ningún gobernador, tampoco, había logrado mantenerse, ininterrumpidamente a lo largo de todo su mandato, a la cabeza de los mejor evaluados del país, en cuantas mediciones que al respecto se hayan realizado de 2017 a la fecha. 

Recordemos que estos estudios se levantan entre los gobernados de cada entidad federativa. Son los sinaloenses, pues, quienes colocan a Quirino en el rango más alto de aprobación y popularidad del país.

Tras el resultado de las elecciones de este año, la prensa nacional se pregunta por qué, en el estado con el gobernador mejor evaluado de México, no haya ganado la carrera por la sucesión el candidato de su partido. 

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La respuesta la sabemos en Sinaloa: a los méritos de Quirino Ordaz se agrega el de ser un demócrata a toda prueba que, lejos de meter las manos en el proceso electoral, permitió que los votantes eligieran libremente, en respeto absoluto a las leyes.

Un demócrata a ultranza, pues, es Quirino Ordaz: el gobernador que dio paso a la alternancia en Sinaloa.

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