Opinión

La involución mexicana nos alcanzó (por los cuatro costados)

EL ANCLA

Por  Luis Enrique Ramírez

En posición «pecho-tierra», para decirlo en término bélico, cual corresponde, la vida entera pasa en segundos. Es unánime: lo dicen todos los desconocidos que esta tarde, bajo el fuego cruzado, se han convertido en hermanos del mismo dolor, en esta tienda, en este hotel, en este restaurante, en este edificio, en esta tierra de nadie. 

Después, el desasosiego y otra frase que se repite hasta volverse colectiva: «¡Hace tantos años que no pasaba algo así!». 

Un nuevo sonido de metralla rompe la unidad del coro, «como graznido de mal agüero», dijera don Francisco Gil Leyva en sus crónicas periodísticas de los años 70. Todos, otra vez, al suelo. 

La instrucción oficial, en estos tiempos, dicta a la autoridad acusarlos con sus mamás y con sus abuelitos. Para el ciudadano, el mandato es claro: blindarse a la voz de  «fuchi, guácala». 

Que vayan a decirles eso a los deudos de esta guerra, en particular a los de las víctimas, colaterales o no, de la batalla de ayer por la tarde en Culiacán. 
Oremos.

UN PASQUÍN EN EL ORDEN DEL DÍA. Ayer, el Congreso del Estado dio un paso mayor hacia el abismo, que acostumbra seducir desde la tiniebla del vacío.

La lectura de lo que denominaron «iniciativa de ley» sonaba fuera de lugar en la máxima tribuna del estado. La redacción misma del documento escapa a los términos propios del trabajo parlamentario; a la forma, que en política es fondo, dijera don Jesús Reyes Heroles. El texto evoca el tono del panfleto por un lado y por el otro, de plano, a la jerga de los pandilleros: plagado de clichés, amenazas veladas, conclusiones oficiosas, llamamientos mesiánicos y acusaciones sin pruebas.

Después de todo, el discurso placero es lo de hoy, dicen. Lo que nadie duda es que, con esa lectura ante el pleno, el Poder Legislativo de Sinaloa se rebajó a un nivel insospechado. ¿Cómo pudo permitirlo la Junta de Coordinación Política? Los espectadores pasamos del «Hasta donde hemos llegado» a la sumisa anunciación de la derrota: «Y lo que falta...».

Renovarse o morir, reza la máxima, aplicable para efectos de evolucionar. Lo contrario es la involución, sinónimo de retroceso. A eso apunta la iniciativa en mención, junto con otras similares que llegaron a la 63 Legislatura bajo una evidente consigna: reformar la ley orgánica de la Universidad Autónoma de Sinaloa para devolverla a lo que fue hasta hace tres lustros: una arena política donde grupos de interés (muy identificados, por cierto) se disputen el control. La calidad académica es lo que menos importa a quienes se frotan las manos a la espera de una hipotética caída de la máxima casa de estudios de Sinaloa, que les signifique ya sea cargos públicos, negocios florecientes o bien, la más rupestre venganza política.

Mientras tanto, una megamarcha de por lo menos 30 mil universitarios espera la voz de arranque. Una cosa es segura: si la UAS vuelve a la votación abierta a estudiantes y trabajadores para elegir autoridades, volverá a ganar la fuerza que representa el doctor Juan José Guerra Liera. Al tiempo.

UN INFORME EXTENSO. Abundan en estas fechas los informes de actividades, lo mismo de alcaldes que de legisladores locales y federales. Escasos, sin embargo, son los que tienen algo concreto que informar: gestiones, obras, acciones, mejoras palpables para la ciudadanía. Es posible contarlos con los dedos de una mano y, entre ellos, ocupa un sitio de honor la presidenta municipal de Badiraguato, María Lorena Pérez Olivas. La mejor Administración pública que haya tenido el serrano municipio en la historia reciente. Los hechos que están a la vista, y de ellos la alcaldesa dio cuenta pormenorizada ayer por la tarde en el auditorio Héctor Castro Avitia. Al cierre de esta columna el acto continuaba, como suele ocurrir cuando se tiene mucho que informar. Ya lo comentaremos en futuras entregas. Si Dios quiere.