Opinión

Las morenistas que respaldaron a agresor de mujeres procesado

EL ANCLA

Por  Luis Enrique Ramírez

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Foto temática | Reforma

Elevado costo político aguarda a las legisladoras federales y locales de Morena que, en un lapsus del tamaño del mundo, cayeron en el juego de Luis Guillermo «Químico» Benítez Torres y lo acuerparon en su contracampaña, orientada a minar la fuerza electoral del precandidato formal de su partido a la gubernatura, el senador Rubén Rocha Moya.

Disentir es legítimo, indispensable de hecho en todo proceso de vida democrática, pero lo que estas damas hicieron el sábado próximo pasado fue legitimar a un agresor de mujeres. La frase no es un adjetivo del columnista, mucho menos un juicio de valor: procede, literalmente, de una sentencia en tribunales. 

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El 2 de diciembre pasado, el Tribunal Estatal Electoral de Sinaloa acumuló los juicios TESIN-JDP-2/2020, TESIN-JDP-8/2020 y TESIN-JDP-10/2020 para analizarlos conjuntamente, y emitió una sentencia en la que se tuvieron por acreditadas las conductas de violencia política de género por parte de Luis Guillermo Benítez Torres y otros funcionarios de su Administración como presidente municipal de Mazatlán.

Fueron acusados el 12 de febrero del 2020 de cometer tales ilícitos por parte de la síndica procuradora del Ayuntamiento porteño, la también militante de Morena Rosa Isela Bojórquez Mascareño.

Apenas el 30 de diciembre del año que recién concluyó, el Tribunal Electoral de Sinaloa ordenó medidas cautelares para proteger la integridad de la síndica procuradora, dos días después de que la funcionaria denunciara ante medios nacionales que Benítez no solo violenta mujeres, sino que acumula 112 denuncias, desvíos por 12 millones de pesos y que mantiene a 33 parientes en las principales direcciones del Ayuntamiento. Exhibió, dicho sea de paso, la documentación que respalda tales imputaciones.

Una semana había transcurrido de este último acontecimiento (evidencia de que la agresión de género constituye una conducta reiterada por parte del Químico), cuando un grupo de mujeres morenistas tomó, sin más, la opción de decantarse públicamente en favor del alcalde mazatleco.

El presunto culpable de ejercer violencia política en contra de las mujeres por razón de género, Luis Guillermo Benítez, no pareció encontrar en semejante conducta (por la cual fue condenado ya en sentencia firme por el Teesin) impedimento alguno para hacerse acompañar de un nutrido de correligionarias, todas de alta investidura y figuras de peso en las filas morenistas: la senadora Imelda Castro; la coordinadora de los diputados federales sinaloenses, Yadira Marcos, las diputadas federales Lucinda Sandoval y Merary Villegas, así como las diputadas locales Beatriz Adriana Zárate y María Victoria Sánchez, entre otras. 

Mujeres, abrumadoramente, acompañaron a Benítez en su acto, cabe observar, salvo dos excepciones: Iván Ayala, diputado federal, y Fernando Mascareño, diputado local.
Por lo demás, fueron mujeres quienes, sin el mínimo rubor, secundaron las arengas de Benítez Torres en contra de Rocha Moya, so pretexto de un hipotético plan aliancista con el Partido Sinaloense. De la síndica procuradora, ni se acordaron.

La sororidad, término que, enmarcado en el lenguaje afirmativo, define la solidaridad entre mujeres en un contexto de discriminación sexual y violencia patriarcal, se volvió letra muerta aquel infausto día en la historia de Morena. Algunas de sus más representativas militantes se encargaron de clavar esa daga que lastima a todas las mujeres sinaloenses. ¿O ya se olvidaron de aquello de que «el que golpea a una nos golpea a todas»? 

En qué poca agua se ahogan ciertos personajes que pierden lo más por lo menos; aquellos a los que la lucha intestina del poder por el poder los hace olvidar lo esencial, lo que nos hace mujeres, hombres, personas de bien.

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