Opinión

Mazatlán se queda con una sola opción de triunfo: Pucheta

EL ANCLA

Por  Luis Enrique Ramírez

Foto temática.(Debate)

Foto temática. | Debate

Con la novedad de que Fernando Pucheta, no conforme con la popularidad que ostenta en Facebook e Instagram, ya está también en YouTube y en Google Play, donde su impacto ha sido tal, que es cuestión de días para que allí también rompa todos los récords de audiencia. Y espérense a TikTok...

A diferencia de los influencers tradicionales en el exigente mundo de las redes sociales, donde el valor de los «likes» y los «views» no va más allá de las cifras, en el caso de Pucheta los números implican mucho más: el invaluable poder del «voto duro».

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Si una estrella común de las redes (normalmente jóvenes surgidos del anonimato) es capaz de mover a sus seguidores a su antojo, con Fernando Pucheta estamos ante un hombre de poder, un político profesional que ha dedicado décadas a crear una estructura de simpatizantes hoy consolidada como la fuerza electoral más importante del sur del estado. 

La fundación Pucheta Una Mano Amiga es un organismo civil dedicado 24/7 al auxilio de los más débiles, con un récord de casos de éxito insuperable hasta el momento. Es decir, no existe organización alguna con tal cantidad de voluntades ganadas a base de resolver problemas a aquellos ciudadanos olvidados de la periferia, de los campos pesqueros y de las rancherías de Mazatlán.

Se trata de una labor de muchos años que, con entrega y consistencia, ha encabezado Pucheta en el puerto, pero que vino a detonar su insólita habilidad en el manejo de las redes sociales. 

El trabajo ya estaba allí, la gratitud de la gente a su persona también, de hecho Fernando ya había alcanzado la presidencia municipal y la diputación, pero de pronto, al ver sus videos los internautas se enamoraron de su natural simpatía y de ese estilo tan suyo de llamar a las cosas por su nombre; se enterarían, así, del dramatismo que puebla los sectores vulnerables, donde su fundación ha resuelto lo mismo problemas alimentarios que intervenciones quirúrgicas, ayudas para estudios o para crear micronegocios, entre un largo etcétera.

La influencia alcanzada a través de plataformas como Facebook e Instagram convierte a Fernando Pucheta en un prodigio masivo de popularidad y en algo todavía más importante: una máquina de generar votos. Un auténtico fenómeno de las urnas que habrá de probarse en los comicios del próximo 6 de junio.

Lo que son las cosas, amigas y amigos: prueba de que, cuando los astros conspiran en favor de un propósito no hay impedimento que valga, es el escenario político que se acaba de configurar en Mazatlán hace unos días. 

Si alguien pudiera, en un remoto caso, hacerle sombra a Pucheta en su camino hacia el Palacio Municipal de Mazatlán era su actual ocupante, Luis Guillermo Benítez, vía su «plan B» una vez descartado para la gubernatura: pretendía negociar su reelección a cambio de disciplinarse ante el doctor Rubén Rocha Moya.

Suerte para la próxima, resulta que Morena ya oficializó la imposibilidad de que Benítez sea postulado para cargo público alguno por un impedimento legal insalvable; recién fue condenado en sentencia firme por parte del Tribunal Electoral del Estado, por cometer violencia política en contra de las mujeres por razón de género, lo cual atenta contra la legislación electoral vigente.

Ni a Benítez le alcanzaba para contender con Pucheta, es verdad, pero también es cierto que habría podido echar mano de los recursos que permite tener en sus manos el gobierno municipal para operar una elección de Estado.

Lo cierto es que, hoy por hoy, ninguno de los que se mencionan por parte de los diferentes partidos como posibles candidatos a la presidencia municipal de Mazatlán tendría nada que hacer ante Fernando Pucheta, quien queda ya como opción única de victoria electoral segura, y aléguele al ampáyer.

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