Opinión

Niveles patológicos en la persecución política de Rocha contra Quirino

EL ANCLA

Por  Luis Enrique Ramírez

El proyecto de Rubén Rocha Moya para 2021 ha restado adeptos de manera acelerada a últimas fechas; en la burbuja nacional de Morena ya se le ve como una apuesta frágil para contender por la sucesión gubernamental de Sinaloa, mientras en el estado su mecenas Jesús Vizcarra Calderón ya no le responde las llamadas, y su jefe político Jesús Aguilar Padilla ha empezado a armar un plan B.

El consenso es fulminante: Rocha Moya ha demostrado, en los hechos, ser un proyecto débil, imposible de llevarle una gubernatura a Morena.

He allí la operación, fuera de tiempo y de la legislación estatal, ilógica a todas luces, que Rocha se sacó de la manga para atacar al único que, por razones institucionales, le pidió esperar los tiempos para darle su visto bueno en su loca carrera a la sucesión: el gobernador Quirino Ordaz, quien, vale subrayar, no ha dado señal alguna de apoyar a nadie como su «delfín». A nadie, de ningún partido, ni siquiera a los «suspirantes» más cercanos a sus afectos, a los que, por el contrario, ha parado en seco. 

Evidentemente, la agenda quirinista no contempla, por ahora, el tema de la sucesión.

EL PUNTO TORAL. Tiene razón el diputado Sergio Jacobo Gutiérrez, coordinador del grupo parlamentario del PRI en el Congreso, quien la tarde del martes denunció una «obsesión enfermiza» de la mayoría de Morena por demeritar la labor del gobernador, aun a costa de la legalidad.

Jacobo entregó a la Mesa Directiva un listado de las violaciones a la Constitución y a los reglamentos en los que ha incurrido la Comisión de Fiscalización, con el objetivo de rechazar, sin fundamento técnico y sin tener las atribuciones, los informes y las determinaciones técnicas de la máxima autoridad en la materia: la Auditoría Superior del Estado.

El problema de fondo es que Rocha ha convertido al Poder Legislativo del estado en su búnker de precampaña. De allí los repetidos fracasos del actual parlamento estatal: desde la división de la bancada morenista, hasta perder la votación sobre el matrimonio igualitario, bandera política del amloísmo.

LA PREMURA. El punto que con mayor claridad evidencia la prisa de Rocha para dar un «golpe» político que subsane sus recientes fracasos a través del rebaño morenista que le pastorean Graciela Domínguez y Feliciano Castro es que el proceso de la revisión de las cuentas públicas de la ASE ni siquiera se ha completado: las entidades que recibieron observaciones tienen hasta el 31 de octubre para solventarlas. ¡Faltan tres meses!

Apresurado en hacer sentir su poder y recuperar a sus aliados políticos, hoy tan desilusionados de su capacidad, Rocha Moya orquestó un montaje cuyo resultado final es de pronóstico reservado. 

En la sesión del martes, por lo pronto, la operación rochista sufrió un inesperado revés: el rechazo a la cuenta pública del Gobierno del Estado no alcanzó mayoría. La votación quedó en empate con los sufragios a favor.

Ayer, las presiones de Rocha, vía José Antonio Ríos Rojo, «convencieron» a dos diputados de votar en contra, y la votación quedó 20-18.

¿En qué afecta esto a Quirino Ordaz? Se lo decimos con todas sus letras luego de consultar a especialistas: en nada.

Vaya, tan sin cuidado tiene este patético affaire al gobernador, que desde el miércoles pasado se encuentra de vacaciones con su familia. Regresa este fin de semana.

La votación de los diputados en este caso no tiene ningún efecto legal. De origen, el proceso está viciado; nadie puede estar por encima de la Constitución.

LA PÓLVORA EN INFIERNITOS. El único saldo que arroja para los legisladores morenistas es un desgaste fenomenal, digno de mejor causa, manejado con las vísceras.

Al final: triunfo pírrico de Rubén Rocha. Lejos de elevar sus bonos, queda exhibido ante los altos mandos de Morena.

Tal vez por eso Quirino prefirió no tomar parte en este tinglado. El hombre inteligente sabe elegir sus batallas.