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Opinión

Priismo: ese singular fenómeno de resiliencia partidista

EL ANCLA

Por Luis Enrique Ramírez

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Por primera vez tras un fracaso estrepitoso del PRI en las urnas, sobran “tiradores” para entrarle al toro; hasta metidas de pie y piquetes de ojo cunden entre las y los aspirantes a presidir el Comité Directivo Estatal del otrora “partidazo”. Diametralmente distinto ha sido el escenario en los pasados escenarios poselectorales de derrota priista en Sinaloa: a la lógica renuncia del presidente partidista en turno, su silla se vuelve una especie de “papa caliente” que todo mundo rechaza. Y mire que ningún desastre en las urnas fue tan devastador como el de este 6 de junio en el estado. En 2010, cuando por primera vez un candidato del PRI, Jesús Vizcarra, perdió la gubernatura, el entonces titular del CDE, Cenovio Ruiz, se fue a coordinar al grupo parlamentario, de mayoría priista, (el tricolor ganó, además, la mayoría de los municipios), y no   había quien deseara relevarlo. El único valiente fue Pablo Moreno y así le fue; acabó tan golpeado dentro y fuera de su partido que desde entonces no ha vuelto ocupar cargo público alguno. 

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Antes, en 1995, el PRI sufrió en Sinaloa su primera gran derrota, al perder los principales municipios junto con sus candidatos a diputados. Se quedó con la mayoría también, pero fue tal el desánimo reinante que todas y todos rechazaban sustituir al entonces dirigente Víctor Manuel Gandarilla Carrasco, sobre quien se desató una especie de fobia entre sus correligionarios que, tras la derrota, permaneció congelado hasta el año 2000, cuando Juan Millán lo hizo diputado federal. De cualquier modo el rechazo interno hacia su figura era tal, que Gandarilla terminó por renunciar al PRI, en 2006, para unirse como candidato a senador al proyecto presidencial de Andrés Manuel López Obrador. En 2015 regresó a las filas del PRI y su retrato volvió a ser colgado en la galería de expresidentes; Joaquín Vega aseguró a la prensa que él, como dirigente, jamás quitó la foto, sino que “el clavo estaba flojo y se cayó”. Una ocurrencia más en el anecdotario de quien fuera el segundo hombre más poderoso del gobierno millanista. Hoy que el poder absoluto de este país está en manos de AMLO, Gandarilla debe recordar para sus adentros aquella frase tuitera: “Te hubieras quedado”. En cuanto a la presidencia estatal del tricolor en aquel aciago 1995, como había gobernador priista, Renato Vega, no fue cuestión de darle a elegir a nadie, Alfredo Villegas recibió la orden tajante de ocupar tan rechazado cargo. Cuenta Rigoberto Ocampo que, encogiéndose de hombros, Villegas le dijo: “¿Qué puedo perder?, ¡ya perdimos todo!”.  Quién lo diría, 26 años después, Alfredo Villegas supo lo que es, en realidad, perderlo todo, incluyendo su candidatura a diputado federal por el séptimo distrito en los comicios recientes.

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Distinto fue el año 2000, si bien el PRI sufrió una debacle a nivel nacional al perder por primera vez la presidencia de la República, en Sinaloa ese partido ganó todas las posiciones en juego, incluyendo las votaciones en favor de Francisco Labastida. Eran los tiempos de Juan S. Millán, el único gobernador en nuestra historia que ha logrado imponer no solo a su sucesor, Jesús Aguilar Padilla, sino al sucesor de este, Mario López Valdez Malova. De manera, pues, que en una de esas raras circunstancias del mundo político, hoy que el Partido Revolucionario Institucional está literalmente en la lona, resulta que su militancia, como los toros de lidia, se crece al castigo y, lejos de buscar culpables, ve hacia al futuro con tal fe en sus siglas, que abundan mujeres y hombres dispuestos a conducir las riendas de su partido y revivirlo de sus cenizas, como el ave fénix.

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