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Opinión

Quirino Ordaz y Rubén Rocha: la realidad ‘tras bambalinas’

EL ANCLA

Por Luis Enrique Ramírez

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Tanto el gobernador en funciones, Quirino Ordaz Coppel, como el gobernador electo, Rubén Rocha Moya, han dado muestra de voluntad política para llevar a cabo una transición bajo el signo de la civilidad política: el mejor de los escenarios, en el umbral de la profunda transformación que viviremos a partir del 1 de noviembre próximo, para bien de todos los sinaloenses. 

Se avecina un buen comienzo, en la reinvención de la vida pública del estado. Porque más allá de las ideologías, lo que en la práctica propone la 4T es un nuevo modelo económico, cuyo axioma fundacional es lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador condensa en ocho palabras: “Por el bien de todos, primero los pobres”. La lógica es que, si el poder adquisitivo de las clases bajas se eleva, la economía se reactiva y esto beneficia a las clases medias e incluso a las altas, pero sin privilegios.

A nueve días de la elección, los pasos afirmativos que han dado tanto el gobernador saliente como el entrante, aseguran un proceso de entrega-recepción terso y ordenado. Inclusive, adelantado a los tiempos que marca la ley, un lapso de un mes absurdamente insuficiente, como ayer lo expuso Quirino al ser abordado por la prensa, tras inaugurar el nuevo edificio del Gobierno del Estado, que por cierto elimina una carga a su sucesor, los 20 millones de pesos anuales que desde hace varios sexenios gastaban las administraciones estatales en renta de oficinas externas.

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Algún día, ya que las calenturas poselectorales hayan amainado, se reconocerá a Quirino Ordaz como el gobernador que dio paso a la alternancia, igual que en 2000  lo hizo a nivel nacional el entonces presidente Ernesto Zedillo con Vicente Fox. Algún día, amigas y amigos. Algún día.

GANÓ LA DEMOCRACIA. En las dos elecciones desarrolladas bajo su mandato, Quirino Ordaz se distinguió por su respeto a la voluntad de las mayorías, sin meter las manos en ningún proceso.

De este modo, dio paso al lopezobradorismo en Sinaloa, que en 2018 se erigió con la mayoría parlamentaria y la mitad de los municipios del estado, por abrumadora decisión de los votantes.

En la 64 Legislatura del Congreso del Estado, a instalarse el 1 de octubre, Morena tendrá por primera vez mayoría absoluta (las tres cuartas partes de los diputados), merced a su unión política con el PAS. 

En la Cámara local saliente, Morena ya había hecho historia con la primera mayoría de izquierda desde la creación del Poder Legislativo sinaloense, una mayoría calificada (la mitad más uno), que ciertamente, la limitó en temas como reformas a la Constitución; para no ir más lejos, cambios en el Código Familiar para incluir el matrimonio igualitario, que en la sesión de hoy, finalmente, se aprobará por mandato del Poder Judicial.

En la era parlamentaria por iniciar, el bloque Morena-PAS estará en condiciones de sacar adelante, por sí solo, todos los asuntos que incluya su agenda. 

Tan innegable como la fuerza de AMLO entre la ciudadanía, fue el papel que desempeñó en los comicios recientes el Partido Sinaloense, bajo el liderazgo de Héctor Melesio Cuen, con la estructura electoral mejor aceitada del estado y el padrón de militancia formal más voluminoso. El voto duro del PAS complementó al de Morena.

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Pero existe un factor, definitivo, para que la alianza Morena-PAS lograra arrasar esta vez como nunca, el poder que la figura del doctor Rubén Rocha Moya registra en las simpatías del pueblo sinaloense. 

En términos de marketing político, el gobernador electo es marca y producto. Un partido fuerte con un candidato tan fuerte que es el más votado de la historia del estado y el número uno a nivel nacional en la elección reciente. Enhorabuena.

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