Opinión

Vizcarra y Cuen: los aliados del 2010 están de vuelta

EL ANCLA

Por  Luis Enrique Ramírez

Lo primero que las ambiciones políticas hacen olvidar son las reglas de urbanidad. Jesús Vizcarra Calderón no esperó los tiempos políticos en Sinaloa y se lanzó, madrugador, pero con bombo y platillo, a la arena política por todo lo alto.

A nadie debiera extrañar que Vizcarra haya elegido a la Universidad Autónoma de Sinaloa como palanca inicial para su proyecto electoral 2021. Existe una historia de colaboración mutua con Héctor Melesio Cuen, prohijada en el Hospital Civil, donde Chuy Vizcarra inició su largo camino en la filantropía como presidente del patronato. Aquella experiencia determinante fue también la inspiración para crear, hace catorce años, su serie de sesenta clínicas de bajo costo Salud Digna, hoy presente en diecinueve estados de la República.

Tras lo anterior, la primera incursión de Cuen en las lides electorales se dio de la mano de Vizcarra, en 2010, como candidato a alcalde de Culiacán. El señor de la carne se aferró a llevar a Cuen al frente de la plaza vizcarrista por excelencia, con tal suerte para el exrector que, mientras él ganó con amplio margen gracias a la influencia del empresario entre el electorado culichi, Vizcarra no pudo concretar su sueño de la gubernatura.

Aquel exitoso debut de Cuen lo impulsó a encabezar uno de los proyectos políticos más impresionantes de las décadas recientes. Su buena fortuna, pero ante todo su habilidad para la negociación, mantiene viva la fuerza del Partido Sinaloense. Si bien Cuen bajó el perfil tras su derrota como senador el año pasado, no ha dejado de tejer fino. En el Congreso del Estado, su esposa, la diputada Angélica Díaz, se esmera en mantener una buena relación con la mayoría morenista. Recordemos, también, que, a inicios del 2018, AMLO expresó públicamente su interés en el trabajo de Cuen, y mandó a Yeidckol Polevnsky a negociar una alianza que no fructificó.

Tiempos traen tiempos, y hace cuatro días fue lanzada la nueva gesta Viz-Cuen: el rector Juan Eulogio Guerra presentó a Jesús Vizcarra Calderón como nuevo presidente del Consejo de Vinculación de la UAS. La lectura es una sola: el PAS y la estructura no formal, pero viva y actuante que encabeza Vizcarra entre el electorado, trabaja ya con miras al 2021, bajo la égida de Morena.

LA PASIÓN, SEGÚN VIZ. Jesús Vizcarra no requiere de mucho para que reviva en él ese entusiasmo por la política al que se entregó de tiempo completo durante más de diez años de su vida, en aquella meteórica carrera que en tres años lo llevó de diputado federal a secretario del gabinete estatal, luego a alcalde de Culiacán y finalmente a topar con pared como candidato a la gubernatura.

Ese costado excesivo que domina la personalidad de Vizcarra volvió al ring de la política en 2016, cuando acompañó en sus actos de campaña a Quirino Ordaz. Por momentos, Vizcarra parecía el candidato: robaba cámara, arengaba a las multitudes y bailaba en los templetes. La semilla se mantenía con vida latente, lista para germinar de nuevo.

El momento llegó con una forma desconocida en Vizcarra de hacer política, un hombre al que debemos reconocerle ser de palabra, derecho, congruente... hasta en año pasado, en que operó desde las catacumbas en favor de Andrés Manuel López Obrador, mientras en la superficie simulaba con maestría apoyar a José Antonio Meade, el candidato de su amigo Enrique Peña Nieto.

Hoy, el abierto proselitismo de Vizcarra en favor de Jaime Bonilla Valdez en Baja California (donde, dicho por él en un video, el sinaloense tiene hoy más inversiones que en nuestro estado) queda de patente que su compromiso en materia electoral está pactado con AMLO.

Un nuevo Vizcarra, pues, concentra hoy los reflectores como actor decisivo en los acontecimientos por venir. No pasa de que, como en 2010, tenga, para decirlo en lenguaje ejidal, «arranque de caballo y parada de mula».